08 diciembre, 2010

Épocas de radio en publicación web



La prosa de Reyme cuenta con el acento preciso para que las palabras se ordenen de una forma exacta. Y es aquí que se cuenta la historia de un joven que encuentra una circunstancia extraordinaria digna de contar, como aquellas anécdotas que están por mucho tiempo en una sobremesa y que se alimenta cada vez más de nuevos detalles, y cuyo final tiene siempre nuevos matices. Una historia de encuentros y desencuentros, donde la algarabía y la cruel resignación se juntan en unos segundos.
Una publicación que posiciona al autor en un lugar especial dentro de la camada de los nuevos narradores peruanos.

Alex Alejandro

13 noviembre, 2010

V Jornadas Internacionales de Literatura Comparada


V Jornadas Internacionales de Literatura Comparada
Asociación Peruana de Literatura Comparada (ASPLIC)
«Escribir la violencia: ciudades, sujetos y lenguajes
en la literatura contemporánea»

Martes 16 y miércoles 17 de noviembre de 2010
Auditorio de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya
(Av. Paso de los Andes 970, Pueblo Libre)- De 4 p. m. a 9 p. m.
Inscripciones: asplic@ucss.edu.pe/ www.asplic.org * Ingreso libre

La Asociación Peruana de Literatura Comparada invita a investigadores, estudiantes y público en general a sus V Jornadas Internacionales «Escribir la violencia: ciudades, sujetos y lenguajes en la literatura contemporánea» (Martes 16 y miércoles 17 de noviembre de 2010, Auditorio UARM, 4 p.m.-9 p.m.), en la que participarán expositores nacionales e internacionales.

Con la elección de este tema, se busca promover una pluralidad de enfoques que incluyan tanto las reflexiones teóricas, desde las distintas disciplinas que han estudiado la violencia, como el análisis de las diversas manifestaciones de violencia en cualquier forma de expresión literaria. Los encargados de las propuestas de discusión son Marco Martos (APL-UNMSM), Miguel Ángel Humán (UNMSM), José Giménez Micó (U. Calgary, Canadá), Roberto Rodríguez-Saona (Trinity Leeds University), Liliana Checa (UPC), Paolo de Lima (UNMSM), Jorge Trujillo (UCSS-U. Lima), Segundo Castro (UNSAM), Javier Morales (UNMSM-UPC), Santiago López M. (UNMSM), Marisa Consiglieri (UPC), Mariana León (PUCP-UPC), Fernando Rivera (Tulane University, EE. UU.), Andrea Chinchay (UNMSM), Jorge Terán (UNMSM), Jérôme Cholvy (Universidad de París 3- Sorbonne Nouvelle), Víctor Quiroz (UNMSM), Richard Leonardo (UNFV).

Apoyan a este evento el Instituto Raúl Porras Barrenechea, la Universidad Católica Sedes Sapientiae y la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Asimismo, la ASPLIC cuenta con el respaldo de la Asociación Internacional de Literatura Comparada (ICLA, siglas en inglés), fundada por el poeta angloamericano T. S. Eliot y que cuenta con más de diez mil miembros en todo el mundo.

Las V Jornadas Internacionales de Literatura Comparada de inaugurarán este martes 16 a las 4 p. m. y se desarrollarán hasta el miércoles 17 en el auditorio de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (Av. Paso de los Andes 970, Pueblo Libre-De 4 p. m. a 9 p. m.). Ingreso libre, previa inscripción.

Conozca el programa y los resúmenes de los trabajos en nuestro sitio oficial: www.asplic.org. Escríbanos a asplic@ucss.edu.pe

01 noviembre, 2010

II COLOQUIO ANUAL DE ESTUDIANTES DE LITERATURA CAELIT UNFV 2010. PROGRAMA OFICIAL

A continuación el Progama oficial del II COLOQUIO ANUAL DE ESTUDIANTES DE LITERATURA (CAELIT 2010)

Miércoles 3 de noviembre

Lugar: Sala de Grados “Antenor Orrego”


INAUGURACIÓN DEL EVENTO
9:00 – 9:30


Palabras de la decana Dr. Martha Chávez

Palabras del Dir. Escuela Lic. Rúnciman Tudela

Palabras del presidente del CAELIT Max Pinedo


Modera: Evelyn Luján


Mesa 01

DISCURSOS POSCOLONIALES: DE LO NACIONAL A LO INDÍGENA

9:30 – 11:00


Huancas de Viga Aguirre, poesía quechua contemporánea. Dr. Gonzalo Espino Relucé (UNMSM – UNFV)

Manuel González Parada y el dilema de la lengua nacional. Mg. Dorian Espezúa (UNMSM – UNFV)

La comunidad indígena y el mestizaje en el debate indigenista. Mg. Nécker Salazar Mejía (UNFV)


Modera: Edwin Chilcce


Mesa 02

DISCURSOS DEL ROMANTICISMO: AMOR, NACIÓN Y SIMBOLISMO EN EL SIGLO XIX

11:00 – 12:30


Belleza y amor fabulados en “Michon y Albina”: un poema irónico-romántico. Pilar Alzamora (UNFV)

Simbología y aprehensión en “Mis botas”, un cuento de Fray Gerundio. Pierre Pino (UNFV)

La autodestrucción del patriotismo: el cambio de discurso en Juan de Arona durante el periodo de la Reconstrucción Nacional. Miguel Barreto (UNFV)


Modera: Renatto Gallesse


Mesa 03

PRESENTACIÓN DE REVISTAS DE LA UNIVERSIDAD

12:30 – 13:00


Tajo

Plesiosaurio

Literalgia


Modera: Carlos Torres


Receso

13:30 – 14:30


Mesa 04

REFLEXIONES SOBRE LA CRÍTICA LITERARIA PERUANA:

14:30 – 16:00


La crítica más allá de la metrópoli: La propuesta descentralista de Manuel J. Baquerizo. Fernando Honorio (UNFV)

Apuntes para un estudio de “Posibilidad de una genuina Literatura Nacional” de José Gálvez. Carlos Torres (UNFV)

Anotaciones para una comprensión de la propuesta del creador y crítico literario en Alberto Escobar. Melissa Pérez (UNFV)


Modera: Pierre Pino


Mesa 05

SOBRE LA VIDA Y POÉTICA DE CÉSAR VALLEJO

16:00 – 17:30


César Vallejo y la memoria amerindia. Interdiscursividad mítica y popular en el poema XXX de Trilce. Víctor Quiroz (UNMSM)

La imposible unidad en dos poemas de Trilce de César Vallejo. Judith Paredes (UNFV)

César Vallejo y la crítica de su tiempo. Jorge Kishimoto


Modera: Jorge De la Cruz


CONFERENCIA MAGISTRAL

17:30 – 18:30


Mujeres que narran sus memorias. Dos testimonios de la CVR de distintas agentes activas del conflicto armado peruano durante 1980 - 2000. Rocío Silva Santisteban (PUCP)


Modera: Giovana Gabriel


Mesa 06

POESÍA LATINOAMERICANA DEL SIGLO XX

18:30 – 20:00


Tradición y Modernidad en el discurso poético de Manuel Bandeira: de “Libertinagem” a “Estrela da manha”. Armando Alzamora (UNFV)

Aura y performance en dos obras plásticas de Jorge Eduardo Eielson. Pamela Medina (UNFV)

La angustia como elemento cohesionador en el poema “Heces” de César Vallejo. Jorge De la Cruz (UNFV)

Presentación y representación del dolor en dos poemas de “Ave Soul”. Renatto Gallesse (UNFV)


Modera: Shéridan Medina


PRESENTACIÓN DE LIBRO

20:00 – 20:45


Las palabras del Rímac (Centro Peruano de Estudios Culturales), de Felipe Mendoza

Comenta: Renatto Gallesse


Modera: Juan Valle


LUGAR: CASA DE LA LITERATURA


CONVERSATORIO: CINE, LITERATURA Y SOCIEDAD

14:30 – 16:00


Mario Pozzi

Ronald Portocarrero

Enrique García


Modera: Alberto Rubio


POESÍA VILLARREALINA

16:00 – 17:30


Alessandra Tenorio

Eduardo Reyme

Víctor Ruiz

Alex Alejandro

Enrique Beó


Modera: Alfredo Lazarte


PRESENTACIÓN DE LIBRO

17:30 – 19:00

“Las respuestas del Mudo” (Tierra Nueva Editores), de Jorge Coaguila


Modera: Pedro Espinoza


Jueves 4 de noviembre


Mesa 07

SITUACIÓN DE LA CRÍTICA Y EL PENSAMIENTO LATINOAMERICANO

9:00 – 10:30


Leydi Borja

Edwin Chilcce

Vanessa Vera

Carlos Torres


Modera: Armando Alzamora


Mesa 08

CONVERSATORIO: LITERATURA PERUANA CONTEMPORÁNEA

10:30 – 12:00


Carlos Rengifo

Miguel Arribasplata

Gabriel Rimachi


Modera: Jonathan Timaná


CONFERENCIA MAGISTRAL

12:00 – 13:00


Poesia concreta e tegnologia. Paulo Franchetti (Universidad Estadual de Campinas: UNICAMP)


Modera: Armando Alzamora


Receso

13:00 – 14:00


Mesa 09

MIGRACIÓN E INDIGENISMO EN LA LITERATURA PERUANA

14:00 a 15:30


El migrante, la educación y el folklore provinciano desde la óptica de “Los Cuentos de Adán Torres”. Jamess Lozano (UNFV)

La construcción progresiva de un sujeto migrante alucinado en “En la fresca tarde de mayo”. Una aproximación a la poética de Domingo de Ramos. Shéridan Medina (UNFV)

Discurso de resistencia y asimilación en “Cuentos Andinos” de Enrique López Albújar. Una aproximación a la construcción de un indio y su modernidad. Fausto Barragán (UNFV)


Modera: Johel Angulo


CONFERENCIA MAGISTRAL

15:30 a 16:30


Viaje a la semilla: el Inca Garcilaso, los quipus y la colonización de la memoria indigena. Rocío Quispe-Agnoli (Michigan State University)


Modera: Pilar Alzamora


PRESENTACIÓN DE LIBRO

16:30 – 17:00


El vuelo nocturno de las gallinas (Borrador Editores), de Leila Guenther (Brasil). Comenta: Armando Alzamora


Modera: Melissa Pérez


CONFERENCIA MAGISTRAL

17:00 a 18:00


De la esfinge al enigma: Indagación teórica sobre la enunciación en el psicoanálisis lacaniano. Marcos Mondoñedo (UNMSM)


Modera: Gilmer Carrión


Mesa 10

CRÍTICA EN LA POESÍA DE LOS CINCUENTA

18:00 a 19:30


Alejandro Susti

Carlos López Degregori

José Guích Rodríguez


Modera: Juan Valle


HOMENAJE A CRONWELL JARA

19:30 a 20:30


Oscar Limache

Dimas Arrieta.


Modera: Pamela Medina


Viernes 5 de Noviembre.


Mesa 11

LITERATURA DE LA VIOLENCIA POLÍTICA: NUEVAS PROPUESTAS

9:00 a 10:30


Violencia y poesía de los 90. Lectura de Ya nadie incendia el mundo de Victoria Guerrero. Luis Fernando Chueca (UL)

La violencia política en tres poetas del 60: “Retablo” de Marco Martos, “Un perro negro” de Antonio Cisneros y “Procesiones negras” de Rodolfo Hinostroza. Paolo de Lima (UARM)

La crítica literaria y las novelas de Violencia Política. Julián Pérez Huarancca (UNFV)


Modera: Luis Castillo


PRESENTACIÓN DE LIBRO.

10:30 a 11:30


La silenciosa desesperación del sueño (Paracaídas Editores), de Gladys Mendía. Editor: Juan Pablo Mejía


Modera: Renatto Gallesse


Mesa 12

POSMODERNIDAD Y ESPACIOS PARA EL DESARROLLO DE LOS ESTUDIOS LITERARIOS

11:30 a 13:00


Antonio Chumbile

Johel Angulo

Jossimar Cavalier


Modera: Crisóstomo Gamboa


Receso

13:00 – 14:00


CONFERENCIA MAGISTRAL

14:00 a 15:00


Palidez, Gabán y frío: Un fragmento biográfico de Gilberto Owen. Felipe Mendoza (Universidad Autónoma de Sinaloa: UAS)


Modera: Armando Alzamora


Mesa 13

DISCURSOS DE RESISTENCIA EN TRES NOVELAS PERUANAS

15:00 a 16:30


Francisco Carrillo y una nueva propuesta: un enfoque hacia la mujer oriental y la figura de occidente en la novela epistolar “Keiko San”. Carla Gonzales (UNFV)

Representación e identidad en Canto de Sirena de Gregorio Martínez. Jorge Díaz (UNFV)

Encadenamiento de imágenes en la construcción discursiva y simbólica del héroe ideológico en “Mateo Paiva, el maestro. Gilmer Carrión (UNFV)


Modera: Antonio Chumbile


CONFERENCIA MAGISTRAL

16:30 a 17:30


Algunas tendencias de la narrativa mexicana actual. Alfredo Cerda Muñoz (Universidad de Guadalajara)


Modera: Evelyn Luján


HOMENAJE A DESIDERIO BLANCO

17:30 a 18:30


Dr. Santiago López Maguiña.


Modera: Paulo Piaggi


Mesa 14

ESTUDIOS AFROPERUANOS: REPRESENTACIÓN Y BALANCE

18:30 a 19:30


Representación, estereotipo y cuerpo en la narrativa afroperuana del siglo XX. Desde Roque Moreno a Malambo. Richard Leonardo Loayza (UNFV)

El auge de los Estudios Afroperuanos y su importancia en América Latina. Retos y perspectivas hoy. Milagros Carazas (UNMSM)


Modera: Fernando Honorio


HOMENAJE A MIGUEL GUTIERREZ

19:30 a 20:00


Mg. Dimas Arrieta

Mg. Julián Pérez Huaranca.


Modera: Max Pinedo


Clausura

20:00 – 20:30

Vino de honor

27 octubre, 2010

Coloquio Literario en Villarreal



NOTA DE PRENSA
COLOQUIO LITERARIO EN LA UNIVERSIDAD VILLARREAL

Caelit es el Coloquio anual de estudiantes de Literatura de la Universidad Nacional Federico Villarreal que nació como parte de un gran proyecto literario, propuesta por los estudiantes de distintas bases de la especialidad, en el año 2009. Es por ello, este año se realizará su segunda edición. Este evento literario se llevara a cabo los días 3, 4 y 5 de noviembre del 2010 en la sede de local central de nuestra universidad y en la Casa de la Literatura Peruana.
Entre los invitados de renombre internacional se encuentran: Rocío Quispe-Agnoli (Michigan State University), Felipe Mendoza (Universidad Autónoma de Sinaloa), Cerda Muñoz (Universidad de Guadalajara), Paulo Franchetti (Universidad Estadual de Campinas), Gladys Mendía (Venezuela) y Leila Guenther (Brasil). Los nacionales: Rocío Silva Santisteban, José Guich, Carlos López Degregori, Oscar Limache, Luis Fernando Chueca, Alessandra Tenorio, Ronald Portocarrero, Mario Pozi, Gabriel Rimachi, Dimas Arrieta, Julián Pérez, Jorge Kishimoto, Eduardo Reyme Wendell, Víctor Ruíz, Dr. Gonzalo Espino Relucé, Mg. Dorian Espezúa, Mg. Necker Salazar Mejía. También, se llevará a cabo la II FERIA ITINERANTE DEL LIBRO CAELIT UNFV 2010 DEL 2 AL 5 DE NOVIEMBRE.

Correo electrónico: caelit_unfv2010@hotmail.com
Dirección: Av. Nicolás de Piérola 351 (Ex- Colmena)

ALBAZOS GRATIS



Este jueves 28 de octubre a las 7:00pm Albazos te invita a conocer este nuevo espacio
Calle Berlín 172 - Miraflores

Lectura Poética y cuentos

Diego Alonso Sánchez

Mario Pera

Gabriel Rimachi
(Cuentos)

Florentino Díaz

Eduardo Reyme Wendell

Helmut Jerí Pabón
(Ica)

Arthur Zeballos
(Arequipa)

16 octubre, 2010

Un noble Nóbel

Cuando aparecí en el lugar en donde hace exactamente un mes dicto el curso de redacción me di con la sorpresa de que Manuel, un lingüista al que admiro por su disciplina y talento, me estaba esperando en el Hall para emocionado comunicarme que Vargas Llosa había recibido el Nóbel, para ser sincero de primera impresión creí que aquello no pasaba de ser una simple broma que ha sido muy clásica sobre todo en los meses de octubre. Y es que son dos fechas en el año en las que trato de estar lo más atento posible para sortear como si fuera un Manolete los chascarrillos que aparecen en “El día de los inocentes” y en el mes en el cual se entrega el máximo galardón de literatura.
Aún dudoso, Manuel me abrumaba con frases de felicitación y abrazos de cariño como si fuera yo quien hubiera recibido el premio. Una alegría interna, pero contenida me emocionaba tanto que no sabía en aquel instante qué hacer, no sabía si alegrarme a la altura de Manuel o esperar a César, un literato sanmarquino que sabía que jamás se jugaría con una noticia de tamaña envergadura. Eran las siete y cuarenta y cinco de la mañana y no había tenido tiempo alguno para oír las noticias del día así que era flanco seguro de bromas de cualquier tipo. Todo parecía un día más que normal, había viajado de mi casa a mi trabajo y en el ómnibus nadie tenía cara de que había acontecido un gran suceso para nuestro país y sobre para nuestro querido Mario Vargas Llosa. Ningún comentario, ningún rumor. Sencillamente era un día más.
Cuando César llegó, Manuel le comentó lo que antes me comentase a mí y César para variar nos comentó que no tenía por costumbre empaparse de las noticias matutinas por considerarlas desastrosas. De inmediato, Manuel un tanto molesto nos dijo que era imposible que una noticia que a esas horas de la mañana era un trascendido no fuera conocida ni por César ni por mí, dos seguidores y admiradores de Vargas Llosa de tiempos remotos. Igual, Manuel no dejaba de estar chino de risa y burlarse de nosotros que más que felices estábamos angustiados.
De pronto nos acordamos de la radio que hay en el segundo piso y cual si fuéramos relámpago subimos las gradas de las escaleras de dos en dos para llegar en el menor tiempo posible. Mientras subía pensaba en las novelas de Vargas Llosa que me marcaron desde antes de entrar a la universidad y de la influencia que él como autor ha despertado en mí, alguien que aún y a pesar de sus años no ha desterrado el sueño de convertirse en un escritor de verdad aunque ello me suponga tener que cortar cualquier vínculo de ociosidad y/o distracción. Recuerdo ahora que recordé en ese instante que fue por Vargas Llosa por quien me atreví a escribir obras de teatro que me supusieron mis primeros trabajos literarios remunerados y fue por él además por quien decidí tomar una postura política (que era más que necesaria casi ética) en la universidad donde estudié.
Cuando llegamos Manuel encendió la radio y César y yo éramos un manojo de nervios, cuando logró sintonizar una emisora de mediana reputación, a mí sencillamente se me vino el cielo encima, pensé en la alegría que habría de tener Mario en aquel instante, pensé en aquella vez que lo pude conocer y en la que pude retribuirle con cortísimas palabras toda la admiración por su obra literaria y por su postura ética como humanista.
A César le brillaban los ojos y no se cansaba de repetir una y otra vez “bien hecho, Mario, así se hace”. Manuel repetía “se los dije” tantas veces que parecía un disco rayado. Yo no sabía cómo reaccionar y tan sólo me quedé allí parado pensando en esos segundos tan mágicos que aquello que había sucedido no era simple casualidad, y no recuerdo exactamente qué más pasó por mi mente pero sí recuerdo que en ese instante creí que todo lo que uno hace por convertirse en escritor al final del camino sí vale la pena y que lo que ha logrado Mario es fruto de un trabajo profesional, luego sonreí y mi corazón se hinchó de orgullo, baje para entrar a mi primera aula del día y supe que tenía la historia perfecta para empezar una bonita clase.

04 agosto, 2010

¡Fuerza, Armando!

Armando Robles Godoy se encuentra internado en el Hospital Casimiro Ulloa, un derrame cerebral lo tiene algo jodido como diría él mismo. Días previos a su hospitalización el cineasta peruano de 87 años fue atropellado por un vehículo. Producto de tal accidente Armando se puso mal y tuvo que ser llevado de emergencia al hospital, para colmo de males el cineasta peruano no tiene seguro social y su tratamiento tiene que ser continuado. Es increible que el estado no mueva ni siquiera un dedo al respecto, déjense de informar cojudeces en la televisión y hagan algo para que esta persona ligada al mundo cultural se recupere pronto, desde aquí sólo nos queda decirte ¡Fuerza, Armando!

PARA AYUDAR
Usted puede colaborar con el tratamiento de Armando Robles Godoy. La cuenta en soles del Banco de Crédito es 194-19321064-0-25 y está a nombre de la hija del artista, Marcela Robles.

Para terminar los dejo con una joyita, oírlo sin duda alguna es más que un deleite.





02 agosto, 2010

Siempre quise ser escritor


A quiere ser escritor. Me ha detenido caminando por los pasillos de la academia y me ha explicado detalle a detalle lo que está pasando para intentar llegar a ser uno de verdad. Me ha comentado que algo que dije en clase le ha impactado y yo para variar no recuerdo bien qué fue aquello. Una cosa me ha impactado de su biografía, es un pariente lejano de Abraham Valdelomar.
Todas las tardes ha asistido a mis clases, no ha preguntado nada de literatura, por supuesto, sino que se ha limitado a oírme a mirarme a contemplarme como casi todos y todas lo hacen los lunes o los viernes, hipnotizados, patitiesos en silencio como si fuera yo el único ser que respira en esa aula, como si fuera yo el único presente en esas cuatro paredes. Pero no, A me ha contado escapándose de clases (porque en este preciso momento deberías estar en tu aula, A) que lo suyo es la escritura, que tiene un cuaderno y que escribe y escribe y escribe. Yo me limito a oírlo y me sorprende la atención que despiertan mis palabras cada vez que hago un comentario, le he advertido que no es fácil dedicarse a este oficio, he intentado asustarlo en realidad para que no crea que escribir es la cosa más fácil del mundo, pero A parece decidido, no sé lo que vaya a hacer para lograr su cometido pero al menos me hace recordar a mí cuando tenía esa edad y cuando decidí dedicarme a escribir, yo al igual que A no sabía ni un carajo de lo que me iba a pasar, jamás pensé alcanzar ni siquiera la mitad de lo que he podido cultivar en estos años así que por qué desanimarlo pensé aquella tarde antes de darle mi celular y mi correo y despedirnos como buenos amigos.
Entre otras cosas que me contó me dijo que una en vez en su vida se sintió totalmente estúpido y fue el día que su maestra explicaba en clase un cuento de un gallo, un pueblo de nombre San Andrés y un tal Ajiseco. Resulta que años atrás –recuerda A –él entró a la biblioteca de su tía abuela allá en Pisco y hojeó unas hojas con una letra impecable, un cuaderno tierroso era para A en aquel entonces un cuaderno tierroso, en dicho cuaderno unos personajes asomaban tímidamente, un gallo, un pueblo y un tal Ajiseco. Para él aquello era simplemente puro papel, pura tierra, pura tinta derramaba por las santas huevas. A me cuenta o me intenta contar que tuvo en sus manos el esbozo del Caballero Carmelo y no sé si será cierto aquello y en realidad poco me interesa, lo rescatable aquí sería en el peor de los casos su capacidad para mentir tan bien, particularmente creo que si alguien se te acerca y te dice que es familia de Valdelomar y que tuvo en sus manos el cuento más emblemático del Perú no puedes acaso creerle que algún día, quizá, pueda llegar a ser un escritor de verdad.
Hoy por la tarde me ha agregado y hemos hablado algo. Me ha dicho que tiene miedo en que quienes lo vayan a leer a futuro no sientan que tiene profundidad en sus palabras y a mí no se me ha ocurrido decirle que no piense en nadie cuando escribe porque al último escribir es el oficio más solitario del mundo y no pasara mucho tiempo en darse cuenta que alrededor suyo sólo estará lo poco o mucho que haya escrito y que nadie en el fondo comprenderá que uno escribe, A, precisamente para salir de su propio infierno.
Me ha mandado estas líneas que publico sin su permiso y así un día más justifico este espacio virtual al cual además no es tan difícil acceder. Así que si te animas y está bien escrita tu historia por ahí que la pongo en esta página y así ambos nos ahorramos un poquito la chamba de re-escribirla día a día. Una vez más me la llevo fácil.

Siempre quise ser escritor
Siempre quise ser escritor. Desde que en 4to de primaria mi profesora nos hacia leer obras para después exponer hasta el 20 de julio de este año, fecha en la que decidí ponerme las pilas (dejando de lado el deber académico de ingresar a la universidad), y comencé a redactarle una pequeña y sencilla carta a mi hermana para su cumpleaños. Desde la culminación de la carta que era muy sencilla (casi misia) pero muy significativa he empezado a escribir casi a diario. Tengo temor de que mis padres en algún momento mal interpreten mi momentáneo pasatiempo de escribir. Creerán que estoy desviando mi preparación en esto. No quisiera desilusionarlos. Ellos quieren que sea un profesional; yo también. Pero también quiero escribir, ya lo estoy haciendo y me siento muy bien de esto. Quizás más adelante publique algo. Quizás.
Antes, cuando ‘pensaba’ en escribir, no lo hacía porque creía que necesitaba una inspiración o algo por el estilo. No sé, algo que me haya causado gran admiración o que me haya pasado y quiera contarlo. Me sentía casi incompleto al no tener eso. Pero ahora veo que no es requisito indispensable estar ‘inspirado’, para escribir algo.
Un lunes, escuchando con suma desatención, el profesor de razonamiento verbal (Eduardo si mal no recuerdo) estaba haciendo una extraordinaria miniexposición sobre el pintor surrealista Salvador Dalí que me llamó mucho la atención porque en la última parte de su ponencia hizo referencia a que para ser un gran escritor es un requisito (casi obligatorio) haber ``Vivido un Infierno’’. Esa frase me llenó de curiosidad. No sólo dijo que para ser un gran escritor hay que ``vivir un infierno´´, sino que todos los artistas, en su momento, lo han vivido. No estoy tan seguro de que me toque pasar por un infierno. Aunque no descarto que lo más probable es que ya haya comenzado.
Me excita la idea de afrontarlo, va ser un gran desafío. Siento una enfermiza curiosidad por saber qué cosas pueden pasar (con tal que sea solo conmigo y que no tenga nada que ver con mi familia, todo estaría bien.) Es un comentario un tanto masoquista de mi parte, pero que puedo hacer, desde que escuche esa idea despertó en mí la curiosidad y por qué no decirlo la ``inspiración´´ que tanto busque. No lo tomo como mi excusa para escribir solo es una razón más para hacerlo.”

A

Marco Aurelio y César Hildebrant

Hace muchos años yo solía ver a Hildebrant y a Marco Aurelio en la tv y una vez los vi hablando acerca del amor, a partir de ahí me convertí en esto que soy y que defenderé hasta el último día de mi existencia.




30 julio, 2010

"The cove" de Louie Psihoyos


“Si no podemos detener esto, si no podemos enmendar esto
olvídense de los problemas mayores. No hay esperanza”

Ric O'Barry

Que te pinchen el lomo no ha de ser muy bacán que digamos. Que te metan a un espacio tan pequeño en donde tu libertad quede supeditada a un metraje mal calculado tampoco ha de ser lo mejor que te ha de pasar en la vida. Que te quejes con la mirada y que todos crean que por tu sonrisa tallada a tu rostro la estás pasando de puta madre debe ser simplemente un infierno. Que seas sensible al sonido y que para colmo un grupo de asiáticos te metan a un lugar en donde lo último que existe es el sonido moderado y lo que abunda a cambio son los aplausos barbaros mezclados con el jolgorio gravitante de la ignorancia en pleno siglo XXI, es, discúlpenme que lo diga así, una mierda.
Acabo de ver The cove, el documental de Louie Psihoyos, con un ojo abierto y otro cerrado, girando la cabeza hacia un lado cuando las imágenes así lo ameritaban, acabo de darme cuenta que no es la gripe la que me tiene tumbado en la cama sino las imágenes del documental, ese martillear que obliga a los delfines a quedar atrapados en las orillas de Taiji se repite aún en mi cabeza como un eco, esa queja submarina que es un cantico largo y tenue me aniquila, me desarma, me encabrona y me enfurece.
Acabo de darme cuenta que esos seres inteligentes ni se ríen ni están felices en esos delfinarios en donde los hacen saltar como locos posesos de sus acrobáticos juegos bajo el agua. No sonríen, están tristes, muchos de ellos estresados por los aplausos optan por el suicidio, una particular forma de autoaniquilamiento en donde el delfín inhala el aire fuera de la superficie creándose serios problemas respiratorios. El estrés los mata por eso el hombre le inocula sedantes para disque relajarlo cuando en realidad lo está dopando, entonces sucede lo más trágico, el animal de la sonrisa eterna sufre y los asistentes creen estar viendo el espectáculo de sus vidas acompañados de sus hijos quienes alegres e inocentes aplauden, aplauden y ríen.
Un delfín viaja en su hábitat natural 64 kilómetros, es un capo del mar, un rey de las olas, ¿cuántos kilómetros creen que lo hace en un delfinario? Un delfín es tan inteligente que en el mar su comunicación acústica puede notar el latir de un corazón puede ver los huesos de una persona e incluso notar si está embarazada, cualquier sonido que emitamos será medio de contacto entre ellos y nosotros. En Taiji, poco o nada les importa esto, dicha zona es una de las mayores exportadoras de delfines a los principales delfinarios del mundo. Y por qué hay quienes gustan de ver delfines saltando en piscinas y siendo guiados por sus entrenadores, pues todo se remonta a una vieja película llamada Flipper en donde el personaje principal era un delfín interpretado por aproximadamente diez delfines debidamente entrenados, a partir de dicha película la industria de los delfinarios fue en aumento y fue la debacle para todos entonces. Parte de responsabilidad la tuvo Ric O'Barry alguien que trabajó para la película Flipper y quien se dio cuenta luego del suicidio de su delfín de nombre Kathy que estaba siendo parte de una de los trabajos más egoístas del mundo, trabajando con animales en cautiverio que sufrían y optaban por su suicidio, cabe agregar que Kathy se suicidó en los brazos de Ric y sólo entonces este hombre se propuso liberar a cuanto delfín se encontrase en cautiverio el resto de su vida.
Ric ha pasado diez años luchando por la caza indiscriminada de delfines en las costas de Taiji y ha logrado con The cove mostrar al mundo uno de los documentales más importantes en mucho tiempo. Reclutando desde personas especializadas en buceo hasta expertos militares logró infiltrar cámaras ocultas en rocas modeladas por artistas que captaron lo que es en verdad Taiji, una costa en donde la barbarie, la estupidez y el egoísmo se mezclan con el lamento de aquellos delfines que intentan huir de una muerte segura, capturados con los métodos más rústicos que una persona se puede llegar a imaginar.
Una sola imagen habla por mil palabras y es la costa de Taiji teñida por la sangre de aquellos delfines rodeados por el canto más visceral de la Tierra, ese que emite el hombre.

15 julio, 2010

MANIFIESTO CONTRA LOS QUE NO LEEN


1.Los odiamos por no leer. Los detestamos en realidad por no querer leer.
2.Sepan que la conchudez, el cinismo, la ramplonería y la poca vergüenza son cosas que no odiamos, pero sí en alguien que teniendo la posibilidad y los medios para leer no se atreve a abrir un libro en su vida.
3.Si no leen están en nada y si están en nada mal por ustedes porque nunca podrán cuestionar nada de lo que alguien te pueda estar comentando, es decir siempre serán unos simples escuchas, mortales que se limitan a oír, serán unos Gregorios Sansa pues la única forma de vida que les tocará vivir es la de simples insectos que trabajan para pagar sus deudas.
4.Preferimos entre un mal lector y un ignorante funcional, lo primero que lo segundo y es que al menos un mal lector es vehemente, torpe y terco, pero vehemente al fin y al cabo, un ignorante funcional es un caracol que se arrastra y babea ignorancia insulsa por doquier.
5.Odiamos las escusas de aquellos que afirman que no leen porque son personas ocupadas y que no tienen la disponibilidad para cosas tan fútiles como la lectura. ¿No saben acaso que pueden leer en el baño, en un hotel, en el ascensor, en una boda, en un taxi, en un parque o después de hacer el amor?
6.Estamos convencidos que quien no lee se fregó porque sencillamente la gente que no lee es gente que vive cual si fuere un muerto maloliente, un cadáver ensimismado en su mediocridad, un occiso incapaz de tentar el sepulcro de la inconformidad, una sombra que rampa y baila cual marioneta ante este juego llamado vida.
7.No queremos encandilar a quienes esperan que nos callemos ni bien empezamos a comentarles lo ultimito que acabamos de leer, el último libro de nuestro autor favorito, el poemario más brutal que jamás pensamos tener entre nuestras manos, ese libro que nos arrancó lágrimas de los ojos y que nos hizo sentir la sensación de que a pesar de todo estábamos vivos. Por ello…
8.No pensamos realizar la torpe acción de hacer lo que hacíamos años atrás cuando malgastábamos nuestro tiempo recomendando libros por doquier a quien poco o nada le interesaba leer.
9.No pensamos volver a enfundarnos el traje de súper/archi/híper/héroes ni pensamos hablar mucho tiempo con gente que no le agrade hablar de libros ni mucho menos amerite que le introduzcamos en los platos vacíos de sus cabezas, el engrudo homérico, la berenjena eglógica, el acento esdrújulo y miserable.
10.No pensamos salvar a nadie a través de la ficción, no buscamos que quien esté aburrido lea un libro porque ni bien les lanzas un par de títulos a esos seres menores, ellos te miran como diciéndote “Oe, carajo, tú me quieres ayudar o qué”. Mejor y dado que ustedes son unos Homo–Videns, preferiremos recomendarles una que otra película.
11.No sentimos pena por nadie, menos por ustedes, síganse buscando en la superficialidad de sus caminos, hállense y reconózcanse en ese apestoso lugar, échense a andar y que la vida les saque el ancho sino la mismísima mierda por tercos.
12.Lean para que así no tengan tanto que extrañar a quien partió. Olvídense de lo físico de lo real de lo fenomenológico y crean en su imaginación. No se maten invocando a quien ya no ha de volver. Abran un libro y atrévanse a dejar de extrañar a alguien de carne y hueso y recuerden que no se ama lo que se conoce sino lo que puedes llegar a conocer de otras personas, leyendo.

08 julio, 2010

El camino, el amor y un cartero


El camino, el amor y un cartero
Alex Alejandro Vargas
Casa Tomada

No sé ustedes pero el primer sentimiento al que asocio una carta es al de la nostalgia, ese sentimiento que hoy más que nunca parece haberse extraviado en algún rincón de nuestros pétreos corazones acostumbrados a vivir esta modernidad tan falaz y tan nuestra. Quizá fue mi generación una de las últimas en utilizar este medio de comunicación tan nostálgico y que me remite a tantos recuerdos como cuando, por ejemplo, mi madre nos hacía escribir a mi hermana y a mí cartas que terminaban en las manos de algún familiar extraviado en algún rincón del mundo. Épocas que sin duda ya no volverán, tiempos aquellos en donde extrañar a alguien era el único y el más sencillo modo de demostrar que aún estábamos vivitos y coleando.
Esas palabras así escritas tan lindamente líneas arriba son porque Alex Alejandro Vargas acaba de publicar El camino, el amor y un cartero y nos (me) ha hecho recordar por breves instantes de qué color es esa dama llamada nostalgia en medio de una sociedad completamente formada con niños y adolescentes que hoy más que nunca creen que los carteros nunca existieron y que aquella historia es menos verídica que la del mismísimo Papa Noel, aparece este libro y un cartero como personaje principal quien con su morral y sus cartas decide salir de casa para hallarse en la voz de los otros y realiza un viaje extraño que le permite al final entender que en el fondo uno mismo termina siendo todos los demás y que los viajes hacia el exterior terminan siendo los más profundos de todos. Esas búsquedas esenciales del alma, vitales e importantes que sólo la madurez otorga.
Polifónico de principio a fin, El camino, el amor y un cartero termina mostrándonos hasta el momento la búsqueda más profunda de su autor quien años atrás publicase Cuaderno de luciérnagas (Zignos, 2005) y quien pareciera anunciar su segundo libro a través de su primer trabajo, “Seguimos un camino que no conocemos, pero nuestra intuición evita que pisemos vidrios rotos” señala Alex Alejandro en el poema final de su primer libro y aquella intuición que señalase por aquel entonces parece ser la misma intuición con la que está inyectado el cartero quien a través de la palabra evita esos vidrios rotos que podrían ser tomados como las trampas funestas que otorga la vida.
Con la particularidad de los pies de página de cada poema los textos del nuevo poemario de Alex Alejandro Vargas se desprenden de sí e invitan al lector a una relectura y/o indagación. El autor entonces termina siendo un simple nexo, un puente, una vía más para trasladar los sentimientos de quienes depositaron sus esperanzas en las manos de este cartero que tiene vida propia dentro del planteamiento estructural de su poética y que por ende gana verosimilitud de principio a fin. Estas huellas yacen además fortalecidas con las notas que va dejando el yo poético a lo largo de su recorrido mostrándonos una compleja y particular forma de ver el mundo, una fina agudeza que en el fondo es una contemplación profunda que sólo les compete a unos cuántos.
El camino, el amor y un cartero, es un poemario plagado de buena poesía y de imágenes bien elaboradas que nos muestran a un autor que toca temas sencillos mas no por ello menos importantes. Washington Delgado señaló alguna vez que sólo la sencillez de la palabra es la prueba más exacta de la universalidad de un poeta y creo que Alex Alejandro parece haber oído aquello también.

06 julio, 2010

PRESENTACIÓN DE LITERALGIA 03 EN LA UNFV



Hola a todos. Los invitamos al segundo encuentro medio poético, un tanto informal y cultísimo de la revista LITERALGIA. En las instalaciones de la universidad FEDERICO VILLARREAL.
La ceremonia -permítanme el eufemismo- se realizará en el salón A1-6 (HABRÁ UN CARTEL INDICANDO EL LUGAR)
De todas maneras para que no se pierdan, será frente a la tienda y fotocopiadora, pegado a la escalera) FACULTAD DE EDUCACIÓN. SEDE: CENTRAL. Por Colmena y todo eso. EL DÍA MIERCOLES 7, A LAS 5 P.M (hora nacional)
Entre los invitados estarán conocidos escritores del medio, futbolistas en desuso, bailarines retirados, trovadores afeminados, un pata llamado Bolas y otro llamado Roberto, algunos informales bates de antaño y, quizá, toda esa amena y pomposa y posera fauna que circunda nuestra fatua ciudad.
PROHIBIDO FALTAR /HABRÁ MULTA
ASPUCIAN: EDITORIAL VAGÓN AZUL-REVISTA TAJO- LA TÍA VENENO COMPORATION
Habrá venta de revistas, cds, casettes, lps, chips con saldo y libros.


www.literalgia.blogspot.com
www.literalgia.com


Los que desean la primera y segunda edición, pídanla por adelantado.

22 junio, 2010

Capítulo I


When I get older, I will be stronger, they’ll call me freedom, just like a waving flag
K’Naan

Aquí en la universidad la vida era mucho más fácil para vivirla, sin problemas, sin agobios, sin esa necesidad de hacer de uno un ejemplo de vida como persona. Y pensar que mi estancia en ella duró más de lo que muchos pudieron pensar. Aunque a la gran mayoría de mi familia no les agradaba que alguien estudiase literatura a mi aquello me daba igual e ingresé a dicha carrera por, literalmente, pura rebeldía. Los primeros años fueron los mejores de mi vida, yo apenas era un muchacho que se crió en un barrio que sin llegar a ser exclusivo era un barrio tradicional. Y desde aquel entonces viví en la mayor cantidad de casas que alguien haya vivido jamás.
Cuando ingresé a la universidad todo fue nuevo para mí: mi primer trago por ejemplo, me lo invitó Copete, mi primera enamorada me la presentó, Ludo, mi primer porro de marihuana fue gracias a Nadia, la primera muchacha con la que estuve en la universidad y la primera que me puso los cuernos. Tenía todo el tiempo del mundo para escribir, leer, y huevear.
El primer día de clases conocí a Copete, nadie sabía por qué lo llamaban así, hasta que la confianza hizo el resto y ante la poca iniciativa de los demás compañeros nos invitó lo que él solía llamar “un trago” y sacó de su morral una especie de vaso pisquero y sólo entonces todos entendimos de donde provenía aquello de Copete, y ese fue el nombre con el que todos lo conocimos siempre.
Ese frase, además, de “un trago” terminaba en varias docenas de tragos, y nosotros totalmente alcoholizados. Llegábamos tarde a nuestras casas y empezábamos a ser mal vistos por nuestros familiares que se arrepentían de facilitarnos los pasajes y el dinero para los libros del día a día.
Copete no tenía problemas por esa parte. Sus padres le mandaban dinero del extranjero y tenía lo suficiente como para no morirse de hambre cada mes, lo curioso es que cada vez que íbamos de la universidad a su casa y abríamos el frigider (este gesto de confianza tardó mucho tiempo en realidad) nunca encontrábamos nada. Sin embargo, aquel refrigerador tenía todas las bebidas habidas y por haber, que Copete no demoraba en invitarnos para sentirnos como en casa. Recuerdo que la primera vez que lo vi en el patio de letras, Copete, tenía una expresión de angustia terrible, tampoco sabía él cómo había ingresado dado que había dado el examen de admisión en estado de ebriedad. Fue lo primero que me contó cuando me vio sentado en una de las tantas bancas de la universidad que daban frente a la facultad de Humanidades, y que poseían lo que supuse habrían de ser nuestros salones. Nos hicimos amigos inmediatamente, en esas primeras semanas intercambiamos la mayor cantidad de libros posibles, sus preferidos eran Proust y Sthendal, el primero por ser un escritor capaz de convertir en literatura todo, hasta el mismísimo tiempo, y el segundo por ser un escritor capaz de convertir a todo tipo de mujer en un radical pretexto de escribir. Por aquel entonces, Copete, escribía una poesía que nunca dejaba de sorprenderme, llegaba muy de mañana y lo primero que hacía era extenderme unas hojas un tanto extrañas, no eran las tradicionales A4 con las que un joven tatúa sus primeros escritos, eran unas como las que utilizan los contadores, más anchas que largas. Las recibía gustoso y las guardaba dentro de algún libro, y digo libro porque nunca usé cuadernos en la universidad, pensaba que dentro de la mochila de alguien que estudiaba literatura debía y tenía que haber imperiosamente o una estupenda novela o un poemario de esos que poseen versos que provocan subrayarlos, sin piedad, por su genialidad. Copete me dio a guardar la mayor cantidad de sus poemas. Particularmente no me sentía en la misma confianza como para entregarle mis primeros escritos. El recuerdo que tengo de aquellos años es el de estar sentado frente a una máquina de escribir, sí, una máquina de escribir, ya existían las computadoras, por supuesto, pero el sólo hecho de terminar el cuento en una máquina de escribir me daba un aire distinto o eso al menos creíamos todos aunque nadie terminara por aceptarlo. Otro de los recuerdos que tengo de aquellas épocas es el haberme hecho la pregunta de cómo mierda alguien podía terminar una novela en una maquina de escribir, lo veía como algo imposible, el primer cuento que escribí me costó casi un millar de hojas, y eso que cada vez que lo releía notaba alguna imperfección que intentaba disimular para no tener que gastar más papeles. Ese cuento nunca llegó a manos de nadie.
Los primeros meses en la universidad habían pasado y todos nos empezamos a conocer porque un profesor de antropología nos había hablado de lo importante que era la socialización entre las personas, recuerdo que nos habló de El náufrago, de Steven Spielberg, y nos dijo que todos en el fondo necesitamos de un Mr. Wilson para no volvernos locos o para no sentirnos tan solos. Copete y yo nos miramos cada uno desde su ubicación y no supimos dentro de nuestras mentes quién de los dos era Mr. Wilson. Al finalizar la clase, Copete me dijo si había visto a la chinita del salón, para ser más exactos me dijo si había visto lo loquita que era, dije sí por dar una respuesta, yo estaba más preocupado por aquello de la socialización antropológica, pensaba que de no haber ingresado a la universidad hubiera sido algo así como un naufrago sin Mr. Wilson. Copete me sacó de mi retraimiento y me informó que haría una reunión en su departamento, extrañamente empezó a acercársele a los grupos de chicos y chicas que merodeaban por el salón esperando la segunda clase y los invitó a la reunión que se daría el día sábado después del curso de latín. Todos aceptaron un poco extraños la invitación, y era de suponerse dicha reacción dado que llevábamos casi tres meses en la universidad y esa fue la primera vez que Copete se les acercó para decirles algo. Cuando volvió le dije que nadie iría a su casa. Copete me miro un tanto extraño por lo que dije y me preguntó por qué estaba tan seguro de ello, fácil, le respondí, tienes que invitar a ella, y señalé desde mi ubicación a una muchacha de apariencia inocente, con una expresión tirando para ingenua.
“¿Analy?” preguntò extraño, Copete.
Por supuesto, al menos que no quieras que tu fiesta de socialización sea la más aburrida de todas. Copete sonrió maliciosamente. Cuando se dirigió hacia ella, muchos de los chicos que estaban en el pasillo voltearon a mirarlo, se dirigió con paso seguro, y desde mi ubicación pude adivinar lo que le sería una invitación personal, con todas aquellas formalidades que nunca faltan. Ella se mostró sorprendida, Copete le sonrió, ella le devolvió el gesto con otra sonrisa, y después de breves segundos, ella sacó su agenda, apuntó algo, y asintió, le dio la mano en gesto de saludo, y Copete regresó hacia mí diciéndome con la misma cara de alegría que poseía por aquellos años, “vamos, E, te invito un trago, yo pago”

Antes de ingresar a la universidad veía al Centro de Lima como cualquier transeúnte que camina por una ciudad bulliciosa, pero fue el tiempo el que se encargó de que cambiase de opinión.
Una mañana mientras ingresaba por la universidad, Copete, me alzó la mano a lo lejos y me hizo una seña que indicaba que el profesor no había llegado aún, cuando se acercó me dijo muy emocionado que había encontrado un café, esa fue la palabra que utilizó, se llama Trilce, queda aquí nomás, vamos, yo invito. Eran casi las diez de la mañana y el día anterior habíamos tomado como cosacos, una palabrita que aprendí leyendo el Taras Bulba de Nikolai Gogol, un libro que Copete me había prestado, no sé si porque él sabía que esa palabra la utilizaríamos ambos en nuestras conversaciones tiempo después.
Mi cuerpo a aquella hora de la mañana rechazaba cualquier aroma que contuviese alcohol, Copete me aseguró que sólo sería un café, cuando doblamos unas calles y caminamos en dirección recta, entramos al café y aquella reacción que tuve fue la misma que la de Copete. Exactamente igual, me diría luego. Eso sencillamente era París, un antro limeño, repleto de libros y gente que parecía tener algo que ver con esos libros. Pedías un café y eso te daba crédito a hojear algo del estante, no lo dudé dos veces, pedimos un café cada uno, Copete pidió a Sthendal, yo decidí primero apreciar los títulos que tenía esa especie de biblioteca, me preguntaba qué haría un lugar como Trilce en el corazón de Lima, me había decidido a pedir mi primer libro cuando un señor de cabellera gris se nos acercó muy cordialmente y nos dio algo así como una bienvenida, ustedes son estudiantes ¿no?, nos preguntó con suma curiosidad, ambos asintimos e inmediatamente nos contó como si nos conociéramos de mucho tiempo que el Café Trilce tenía apenas dos semanas de aperturado y que con el correr de los días llegarían más títulos para la biblioteca, no es que tampoco aquello haya sido una babilonia limeña, pero me atraía mucho la idea de ir a por un café y tener la opción de pedir algo más allá que un diario repleto de malas noticias. No demoró mucho tampoco el señor de cabellera gris en decirnos su nombre, nombre que por cierto terminamos olvidando en el trayecto del café a la universidad y terminamos por asociar al dueño del café con un personaje de Hemingway, ¿cuál de todos? Esa fue la pregunta que Copete y yo nos hicimos sin saber responderla.
Lo único que Copete sabía era que no le diría a nadie de ese café, “será nuestro café” dijo.
Él también estaba decidido en convertir aquel espacio en parte de nosotros, debo confesar que cuando Copete dijo aquello de nosotros no pude evitar mirarlo con burla, Copete reaccionó y me dijo que allí fundaríamos nuestro grupo literario. “Pero si somos sólo dos” fue lo que dije a modo de respuesta, Copete me dijo que ya llegarían más, que el grupo crecería, que no deberíamos pasar de cuatro por ser un número cabalístico.
A la mañana siguiente tuvimos apenas dos horas de descanso, los profesores entraban y salían y recomendaban los libros que deberíamos leer para las siguientes semanas, de todos el único que me interesó fue El suicidio de Emile Durkheim, el mismo profesor que nos había hablado de la socialización fue el que lo citó en clase, dijo siete veces la palabra suicidio, diez y nueve la palabra hombre, doce la palabra heterogeneidad y dos la palabra esperanza. Cuando terminó la clase, Copete y yo nos acercamos a su escritorio y le dijimos que habíamos seguido su consejo, nos miró de forma extraña, y puso un gesto como dándonos a entender que no entendía a lo que nos referíamos, Copete le contó que para efectos de socialización habíamos organizado una reunión en su departamento, y que con ello buscábamos lanzar las cuerdas de la confianza con nuestros congéneres. El profesor sonrió por aquello que había señalado Copete y dijo que aquello sería una experiencia que nos ayudaría a clasificarnos, cuando dijo aquello me sentí algo así como un mono que busca a su familia. Tanto a Copete como a mí nos llamó la atención aquello de que dicha reunión nos ayudaría a clasificarnos. El profesor atendiendo a su profesión de catedrático contratado a tiempo completo por la universidad fue más directo y dijo que todas las personas se clasifican de acuerdo a sus gustos, preferencias, intereses y hasta vicios. Inmediatamente hizo lo que siempre hacía con sus alumnos al terminar una conversación personal, recomendar libros que no sé si Copete los buscaba, lo que es yo, los tenía todos. Lo que no entendía era cómo después aquellos libros aparecían en la casa de él.
Esperando la siguiente hora de clases nos fumamos unos cigarrillos por los pasillos, frente al salón, nos tocaba Lengua Castellana con un profesor que se parecía mucho a Scarmeta, el autor de El cartero de Neruda, un libro muy bueno que fue adaptado al cine con más éxito aún. Sentados en los pasillos comenzamos a observar a los demás alumnos que al igual que nosotros cursaban estudios generales, a lo lejos, un muchacho que no aparentaba su edad tenía una aureola de tabaco que daba la apariencia de estarlo protegiendo. Mira, me dijo Copete e hizo un gesto con las cejas para que advirtiese la extraña presencia de aquel monigote, un libro color verdoso era lo único que sujetaba entre sus manos, unos lentes oscuros le daban un aspecto de seriedad que inspiraba respeto.
Recuerdas lo que te dije del grupo, me preguntó Copete.
Sí, respondí.
Él es el tercer integrante. Vamos a invitarlo al Café Trilce.
Y si nos manda a rodar, le dije a Copete mientras nos dirigíamos hacia él.
¿Si nos manda a rodar? Copete no había pensado en esa reacción.
Sí, ¿qué hacemos si nos manda a rodar? Insistí.
Lo mandamos a la conchasumadre, respondió, y seguimos caminando en línea recta.
Mejor proponle lo de la reunión en el departamento, por precaución.
No jodas, E. Todo está controlado, me dijo.
Cuando llegamos hasta el extremo del pasillo y nos paramos frente a él, tapándole la poca luz que llegaba en esa mañana gris, el muchacho se paró de su ubicación como si extendiese unas inimaginables alas de cuervo.
¿Qué sucede? Preguntó, me tapas la luz.
Copete oyó su voz. Me miró con seguridad y dijo.
El sábado hay una reunión en mi casa, queremos saber si te gustaría ir.
El muchacho nos lanzó una sonrisa irónica a modo de respuesta.
Qué dices ¿vas?, insistió Copete.
No me agradan las fiestas, ni la muchedumbre, sentenció. Y háganse a un lado que no me dejan leer.
Y cuando Copete estaba a punto de empujarlo, le hice la segunda oferta.
Entonces acompáñanos por un trago al café Trilce, ¿lo conoces?
El muchacho me volvió a mirar y esta vez lanzó una sonrisa que nosotros interpretamos como un gesto de aceptación.
¿Un café llamado Trilce en el Centro de Lima?
Nadie de la universidad sabe dónde queda, sólo nosotros.
Entonces como una inmensa roca que se mueve de su lugar, Ludo, se puso de pie, se acomodo los cabellos que cubrían su rostro, nos acompañó al Trilce y se convirtió en el tercer integrante de un grupo que aún carecía de nombre.
Cuando llegamos al café, fue como si Ludo hubiera llegado al espacio que había estado buscando todos estos primeros meses de universidad. Inmediatamente pidió su respectivo café y al igual que Copete y yo no le cabía la idea que un lugar así existiera. Eso estaba bien para los años cincuenta, épocas en donde un café era parte de ese romanticismo que los nuevos limeños parecían haber perdido hoy por hoy, y es que un café suponía en esencia Lima, y aunque nosotros no habíamos vivido aquellas épocas siempre la sentimos como nuestras gracias a la magia de la literatura que nos ayudó a salir de nuestros propios infiernos, que nos permitió conocer el color de nuestras almas juveniles.
Ludo entró en confianza paulatinamente.
Hablar de libros fue sin duda romper el hielo.
Copete y yo veíamos acertadas sus intervenciones. Desde el primer momento pensamos que no se trataba de un estudiante más de generales, había en él una pasión en cada palabra que pronunciaba, y era capaz de hablar de libros, de mujeres, de gente marginal, de música y de cine. Precisamente de ello se habló aquella tarde, y cuando después de casi más de cinco horas cambiamos el café por las cervezas, Copete empezó a contarle la finalidad que tenía la reunión del día sábado, Ludo entendió entonces los pormenores de dicha reunión y terminó aceptando la invitación con más convicción que compromiso.

La universidad por aquellos meses empezaba a exigirnos de una manera extrema, así que aquella reunión que Copete había planificado en su casa era algo así como un escape para los que paraban pendientes de los cursos, no para nosotros que por lo general parábamos entre bares, bulines y cafés.
La reunión empezó con una hora de retraso, Copete no había asistido a clases así que me llamó para ver qué habíamos hecho durante la mañana, nada del otro mundo, fuimos al laboratorio, fue lo que le dije por celular, Copete se burló de mí, y me dijo que había sido una buena decisión no salir y quedarse para limpiar el departamento, ya está casi todo para la fiesta, dijo.
Como las llamadas también se las agenciaban sus padres hablamos alrededor de una hora. Me preguntó por Ludo, y le dije que habíamos ido, después de la clase de Lengua Castellana, por Amazonas a buscar libros, antes habíamos estado en Quilca, y por la mañana, pasamos a visitar Trilce donde nos tomamos un jugo de papaya que ante nuestra insistencia el dueño del café no quiso cobrarnos aludiendo que empezar la mañana sin cobrar el primer pedido era una cuestión de suerte.
Conchudos de mierda, dijo Copete y se rió.
Caridad es caridad, le dije.
¿Les has hecho recordar a los muchachos del salón de la reunión? Preguntó, Copete.
Todos lo saben. Hasta Castillo.
¿Quién es Castillo?
El profesor de antropología. Ha dicho a modo de broma que esa reunión no tiene pierde.
Ese pendejo, dijo Copete, lo que pasa es que él me ha contado que cuando era estudiante sus fiestas eran una perdición, oían a Pink Floyd y las parejitas se ponían como loquitas. Fumaban yerba y se iban al estadio de la universidad a tirar como locos. Por cierto, estarán llevando sus capuchones ¿no? No quiero padres con cara de cojudos a tan temprana edad, todavía me quiero divertir lo que me queda de universidad.
Pero, Copete, no necesariamente…
Ya vas a empezar con tus mariconadas, E. Mira pásame al grone Ludo que el tiene más cara de pinga loca que tú y yo juntos, te veo en la noche, or vua.
Le pasé el teléfono a Ludo quien con voz triste respondió que no sabía si iría. Le contó brevemente que la chica que le interesaba no entraba a ese tipo de reuniones. Copete, le dijo que no era momento de anular nada y que vaya nomás, él se encargaría de convencer a esa tal Irmita que vaya al departamento, pero eso de cancelar presencia no se lo permitiría.
Bueno pásame a E.
Cuando hablé con Copete, aprovechó en pedirme prestado un dinero, exactamente me pidió que pasase por algún centro comercial y comprase algunos piqueos para que les bajase la cerveza a los invitados cuando estuviesen choborras.
¿Cuántas personas irán? Pregunté.
Treinta y dos, dijo Copete.
Eso va a termina en una mènage a tròis.
¿Qué mierda es eso?– dijo Copete-
¿No que estudiaste en la Alianza Francesa, genio?
No lo terminé, E, me botaron por meterle la mano a una profesora, ¿qué es eso de mènage no se cuántos?
Una orgía, Copete, y de las buenas. De pasada te llevo a Sade, creo que te gustará.

18 junio, 2010

Baaría de Giuseppe Tornatore



No creo que exista persona alguna que se detenga ante un puesto de películas y al notar algún nuevo filme de ese maestro llamado Giuseppe Tornatore deje pasar la oportunidad de conseguirla. No sobre todo para quien como yo y muchos amantes del buen cine guardamos un especial cariño por aquel director que elaboró desde mi punto de vista uno de los mayores homenajes al séptimo arte, sino el mejor.
Ya se imaginarán entonces que cuando vi el título Baaría me picó la curiosidad y no dudé ni un segundo en adquirirla. Y es que cómo decir no a quien en algún momento de mi vida me hizo creer que el paraíso es lo más parecido a una sala de proyección y que la música de ese otro genio apellidado Morricone es lo más parecido al canto celestial de los querubines.
Bagheria es el nombre del pueblo italiano donde Tornatore nació y pasó su infancia, los pobladores lo denominan en dialecto siciliano bajo el nombre de Baaría. (Sí, la última película de Giuseppe es el homenaje del director a su lugar de origen, ese homenaje que había sido pospuesto por él mismo y quien afirmase en más de una ocasión que lo realizaría cuando sus recuerdos estén más nítidos dentro de su ya anciana memoria.) Entre los datos curiosos de la cinta cabe señalar, por ejemplo, que el filme se rodó mayormente en Túnez donde diseñadores elaboraron una réplica exacta del pueblo que vio nacer a uno de los mayores representantes del cine italiano.
La historia de Baaría es la historia de Peppino que podría ser tranquilamente el Toto de Cinema Paradiso, un niño al que ante sus ojos Baaría se transforma de un lugar inhóspito a un lugar rodeado de pequeños edificios y abundante tráfico. Ese pequeño detalle argumental no parece ser la piedra del zapato de la última película de Tornatore sino más bien el cómo se intenta mostrar en una sola cinta lo que en otros años el director desarrolló como tema en cada uno de sus trabajos.
Baaría posee una ambición que termina por escapársele de las manos a Tornatore y lo peor de todo es que ni su amigo Morricone salva la cinta. Tanto música como película parecen ríos paralelos que no logran confluir nunca y por lo tanto no logran atrapar al espectador. Su duración abarca tres generaciones desde la década de 1930 hasta los tiempo modernos usando para ello como fondo histórico el surgimiento del fascismo, la Segunda Guerra Mundial y los manejos políticos de la Italia de la posguerra. Un matiz de nostalgia entonces se mezcla con un tono histórico y hasta épico que opaca el tema central de la película que es finalmente homenajear a Baaría. Los personajes además parecen calcos despiadados como aquel cambista de dólares que parece guardar cierta relación con el loco de Cinema Paradiso que afirma que la plaza es suya, aunque parece hasta cierto punto gracioso dicho personaje termina convirtiéndose en una huella insoportable.
Baaría no es la obra maestra que fuese Cinema Paradiso y eso quizá lo sabe el mismo director, quizá y a lo mucho sea tan sólo el mal homenaje de un director hacia la tierra que lo vio nacer.
Para terminar y como dato curioso se cuenta que el primer ministro Silvio Berlusconi había señalado de Baaría que “es la cinta más impresionante que he visto, aconsejo a todos que la vayan a ver”, claro, dijo esto, pero se le olvidó agregar que la última película de Giuseppe Tornatore está producida por Medusa que es propiedad de la familia del primer ministro. Moraleja: los presidentes mienten hasta cuando recomiendan películas.

08 junio, 2010

Literalgia 03


Este jueves, Literalgia se va de juerga con una prima de Ña Catita, y juntos presentarán la tercera edición de la revista impresa.
En esta ocasión irán todos los integrantes de la revista, junto a su
séquito de groupies, sobones, enamoradas, hetairas y además un par de fantasmas de amigos que ya no son en esta vida.

Presentadores: Eduardo Reyme y Fernando Zuzunaga.
Hora: Cuando todos estén bien acomodados.
Lugar: Cerca de la casa de Lori Berenson.

Se aceptan tomates en la cara. Si son enlatados, mejor.

Colaboración:
Una luca, dos chinas, un Tumi, o sea, un sol pe’ varón.
“Un sol no te hace pobre, pero a nosotros nos puede hacer ricos”.

Jueves, 10 de junio de 2010
Hora: 9:00 - 12:00
Lugar: San Martín 587 - Miraflores / Delfus Bar.

27 mayo, 2010

Salió Literalgia 3


Salimos. Nuevamente ante sociedad. Bajamos por tercera vez de los escalones tipo quinceañeras. Esta vez un poquito mejor, sin tropezar con el vestido. Y con chambelán más guapo.
Literalgia 03, con más colaboradores, textos más interesantes y con las ganas de siempre. Como en la anterior edición, publicamos los trabajos de los lectores que se atrevieron a compartir sus textos con nosotros, con el riesgo de salir publicados.
Mientras vemos la forma de hacerles llegar esta nueva edición, les brindamos el PDF, así sin reparos, porque al fin y al cabo se trata de difundir. Esperamos que sea de tu agrado.
Los que desean la entrega a provincias, pueden contactarse con nosotros mediante el correo: literalgia@hotmail.com
Lo enviamos por agencia y sólo tienen que pagar el envío.
Dentro de poco publicaremos las bases para los que deseen enviar sus trabajos para la cuarta edición.
Sin más que decirles, por ahora, nos despedimos.

Atte:
Todo el equipo de Literalgia.

10 mayo, 2010

César Vallejo se aburrió de seguir muerto en París


"Sí que pesa la primera casa en nuestros hombros cuando uno ha sostenido otras encima, pesa de verdad, pesa como una casa. Puede que ya no exista, que la hayan demolido y construido cualquier otra cosa en su lugar o que permanezca en su decadencia, tugurizada o guarida de fumones o ruina inhabitable o remodelada para que niegue su identidad y no nos reconozca, pero la primera casa es siempre la primera, cimiento de todas las demás".

18 abril, 2010

Las mejores escenas sexuales del cine

Muchas de estas películas yacen en la esquina de mi casa y guardan un espacio considerable dentro de mi corazón, cómo olvidar Lucía y el sexo, por ejemplo, cuando la vi estando en la universidad y se me pegó aquella imagen del personaje escritor que escribía su novela en un formato Word de fondo azul y líneas blancas. Otras películas de aquella época son Betty Blue(¡Rana, devúelmela pues!) Último tango en París (una de las pocas y buenas recomendaciones del flaco), Y tu mamá también (gracias Mónica por prestármela y por no pedírmela). Un poco menos populachonas son las geniales Blow up (basada en un cuento de Cortázar, pero muy poco cortazariana. Recomendación: no intenten buscar nada cortazariano en la pela, yo cuando lo hice tenía 20 años y era muy ingenuo, de igual forma gracias Efra por la recomendación) Mulholland Drive (¡no entiendo hasta ahora como hay gente que no ame a Lynch!) La insoportable levedad del ser (estupenda adaptación del libro de Milán Kundera. Gracias Lucho por regalarme el libro, hasta hoy recuerdo cuando me lo entregaste en un sobre de regalo de la librería Crisol y me dijiste orgulloso "es original, Lalo, es original, espero que te guste" ¡claro que me gustó, tío, muchas gracias), La secretary (una recomendación de una chica que le gustaba mucho ese personaje y que sea yo su jefecito), Una historia de violencia (como olvidarme de ti, Pepo, amigo, sí, sólo nosotros encontramos gozo en películas tan crudas y tan violentas).
A todos los que me prestaron una de estas películas muchas gracias, a todos los que no me las pidieron miles de gracias, y a aquellos que se olvidaron de devolverme algunas de estas películas no se olviden que si las devuelven pueden llevarse otras y mucho mejores de mi casa siempre y cuando las sepan cuidar.
Aquí la lista de la revista Premiere y sus 20 mejores escenas sexuales del cine. (las que me falten ver he de ir a conseguirlas ahora mismo)

20. Barbarella (1967, roger Vadim)


19. Lucía y el sexo (2001, Julio Medem)


18. Walkabout (1970, Nicolas Roeg)


17. Mulholland Drive (2001, David Lynch)


16. El ansia (1983, Tony Scott)


15. Vixen! (1968, Russ Meyer)


14. Fuego en el cuerpo (1981, Lawrence Kasdan)


13. Y la creó para el escándalo (1988, Roger Vadim)


12. Último tango en París (1973, Bernardo Bertolucci)


11. Con faldas y a lo loco (1959, Billy Wilder)


10. Blow Up (1966, Michelangelo Antonioni)


9. El corazón del ángel (1987, Alan PArker)


8. Secretary (2002, Steven Shainberg)


7. Juegos secretos (2006, Todd Field)


6. Monster¿s Ball (2001, Marc Forster)


5. La insoportable levedad del ser (1987, Philip Kaufman)


4. Una historia de violencia (2005, David Cronenberg)

3. Betty Blue (1986, Jean-Jacques Beineix)


2. Bella de día (1967, Luis Buñuel)


1. Y tu mamá, también (2001, Alfonso Cuarón)

12 abril, 2010

De todo el mundo - Enrique Bunbury



Que no interrumpa lo cotidiano, Mis pensamientos,
Que no me dejen sin mi sustento en vano
Que no me atrape lo mundano, si prefiero
No estar quieto, que no me pongan en un
Aprieto por algo que no está en mi mano

Que no me consuma, si como sumo, soy
Un regalo, que no le cause a nadie espanto
Si yo mismo me acuso.
Que no me atrape lo mundano, si prefiero
No estar quieto, que no me pongan en un
Aprieto por algo que no está en mi mano

Soy vagabundo, siempre de paso de
Aquí de allá DE TODO EL MUNDO…
No tengo dueño, no soy tu esclavo
Poco tuyo, y DE TODO EL MUNDO

Soy… vagabundo siempre de paso
De aquí de allá… DE TODO EL MUNDO…
No tengo dueño, no soy tu esclavo, un
Poco tuyo, y DE TODO EL MUNDO
Que no me atrape lo mundano, si prefiero
No estar quieto, que no me pongan en un
Aprieto por algo que no está en mi mano.

Que no interrumpa lo cotidiano, mis pensamientos (…)

Bumbury en programa "Cara a cara"





11 abril, 2010

En plena concentraciòn


El ùltimo mièrcoles el torneo de PES me fue favorable de una manera absoluta. Pepo llegò muy hablador y se fue con una maleta cargada de goles. Para no entrar en detalles y/o humillaciones de corte "ñaña ñaña" sòlo dirè que su partido màs desastroso quedò 8 a 1. ¿en el acumulado? 6 a 3.
Aquel dìa el flaco no pudo llegar porque anda con una enfermedad un tanto extraña. el chancha prometiò una vez màs que irìa y nunca fue. Igual. Ambos nos divertimos mucho, un poco màs yo por la goleada, claro està.
Los dìas mièrcoles nos reunimos en mi casa a eso de las 4:00 y jugamos estos torneos que poco a poco se van oficializando entre nosotros. Pepo juega con el Real Manì, perdòn, Pepo, quise decir Real Madrid. El flaco juega con el Inter y el chancha juega con el Barcelona. No sabe un carajo de fùtbol pero le funciona bien el equipo. Yo, juego con el Chelsea de Inglaterra y si los buenos vientos asì lo quieren esta serà la postal de un mìercoles que promete goles, mentadas de madre a los àrbitros y bebidas conservadas en un refrigador recièn comprado y bautizado bajo el nombre de CHabELA.

04 abril, 2010

Frase

La soledad no es más que un hombre solo que apaga las luces de su nuevo departamento y oye su propia respiración.

15 marzo, 2010

Èpocas de radio


La primera semana que estuve de reportero en Radio San Borja ni yo mismo sabía que diablos hacía en aquella sala de redacción, rodeado de personas mucho mayores que yo y que fumaban y leían los diarios del día con una concentración imperturbable. Nunca en mi vida ingresé a una facultad de periodismo y lo único que sabía era que para ser periodista no necesitaba hacer tamaño esfuerzo. Había tenido en un tiempo no muy lejano una sabrosa experiencia ligada al periodismo escrito, un pequeño espacio en un diario donde colaboré a cuentagotas y donde por primera vez me pagaron por escribir algo que no sean cartitas de amor, que era como solía costearme el recreo desde que ingresé a la secundaria hasta que la terminé. Ñan! Y claro, con hartos pancitos con pollo y Coca Colas bien helena, ¡pa’ que más, chibolo!
Pero esto era totalmente nuevo para mí, levantarse temprano, llegar a la radio, saludar a los coleguitas y chapar el micrófono más pintón para –ipso facto– leer en la pizarrita blanca la ruta del día, la co-misión que habría de costar sangre, sudor y lágrimas para que el jefe al finalizar el día me diga un fuck “bien hecho, hijo” ¿bien hecho? ¿hijo? Y yo dentro de mí pensando gordo maricón, si supieras todo lo que tuve que hacer para que el micrófono de la radio salga al ladito de los de la tele, en fin, aquello fue lo primero que aprendí en San Borja, el micrófono no sirve para nada, hijo, me dijo una vez, sólo para ganar publicidad a través de la televisión, para que los demás sepan que existimos en este mar de posibilidades de la información, ahora que si te interesa usarlo para fines personales e íntimos me lo traes lavadito nomás. (Je, je, que ingeniosito el gordito que da ordenes desde su despacho como loco y mira los culos de las practicantes que lo chotean por doquier, ¡cabrón!)
Si algo he de olvidar en mi lecho de muerte antes de subirme al botecillo de Aqueronte para que me haga una carrerita sin regreso téngalo por seguro que será todo menos aquella primera semana de práctica en donde empezamos unas cinco o seis puntas y terminamos reduciéndonos a dos, Jack y yo, quienes contentos de haber pasado aquella primera semana reventamos nuestro primer sueldo en cervezas, confiados en que las cosas nos irían mejor de lo que nos estaba yendo a cada uno de nosotros en sus respectivos cargos. Jack, era la voz, el locutor de voz sensualona que no chapaba ni un resfrío en la radio por más que el se mataba intentando seducir a una gordita de cierta gracia y que disimulaba sus kilitos de secretaria dedicada a teclear informes con ese tamaño tan caballuno que le hacía honor a su chaplìn puesto por algún faltoso: “La camión”.
Yo era el nuevo reportero de San Borja, el huevoncito que se apareció una mañana en la radio a las 9 a eme y faltó al trabajo sólo para ver de qué trataba aquel chiste, había recibido un mail en donde el mismo director del programa me invitaba a una entrevista personal. No lo dudé dos veces y dejé de ir a mi trabajo para presentarme a un oficio del que lo único que sabía era que quizá, a lo mejor, si tenía suerte, la podía hacer. Aparecí como de costumbre temprano, no tanto por querer ser puntual o patero sino que cuando vives tan lejos como yo terminas tomando tus precauciones y las que yo suelo tomar siempre exceden a una o hasta dos horas antes de la cita pactada, antes de ingresar a la radio hice hora leyendo los diarios que colgados como trapitos sucios en el quiosco de Aviación se bandereaban con pana y elegancia.
Cuando ingresé había tantos postulantes que no terminé por mirarlos a todos. Bien peinaditos y engominados, con sus trajecitos impecables miraban sus relojes de marca con autosuficiencia y esbozaban el gesto más Charly posible, la salita de estar donde fueron apareciendo uno a uno se fue colmando hasta que no hubo espacio para nadie, entonces el aburrimiento rompió el hielo entre los desconocidos y triviales preguntas de corte ¿en qué universidad estudiaste, flaca? O ¿es tu primera vez, amigo? Empezaron a flotar por doquier. Personalmente no me interesaba conversar con nadie dado que mi único fin era avanzar unas hojitas más del libro que estaba leyendo, oír mi nombre en los labios de “La camión” y dar mi primera entrevista y, qué chucha pues, me dije, si el jefe me empieza a hablar de cosas puntuales acerca del periodismo empiezo haciéndole recordar que Gabito, se convirtió en periodista el día que entró a un diario y le dijo al dueño de aquel circo.
–Oiga, yo quiero trabajar aquí.
–Y de qué
–Quiero escribir
–¿Usted sabe escribir?
–Pues claro
–Entonces deme algo que haya escrito y si está bien arranca el lunes.
Ese era el tipo de entrevista que anhelaba, sentado, esperando que “La camión” moviera esas enormes nalgas, se acercara y pronunciara mis apellidos para terminar con esta agonía que ya llevaba horas sobre mi pecho y que disimulé a la perfección gracias a aquel librito que tranquilizaba mi inquieta alma. De pronto sucedió el milagro.
–¡Reyne!... ¡Reyner!... ¡Reymer! ¿está o no está?
Otra vez la misma cantaleta, la metamorfosis de mi apellido maltratado por una vieja gordinflona y miope que no leyó bien las tan claras letras del mismo, no pedía mucho, no había dicho el tan difícil Wendell, peruanizado a más no poder, no le pedía que pronunciara el Wendell como solía pedirlo mi abuela en la cabina de los bancos antes de cobrar su pensión de jubilada, maltratada, burlada, olvidada, ignorada, etc, sólo pedía una pizca de concentración caracho, ¿era tanto pedir?
–Reyme, señorita
–Lo siento, pase por aquí y siéntese, por favor.
La oficina era literalmente una mierda, computadoras cabezonas parecían formar cual militares sobre mesas alineadas a la perfección, a esas horas de la mañana, ningún parroquiano tecleaba su carilla del día ni se percibía esa aureola a tabaco barato que dominaba la atmosfera al mediodía. Sentado y con la concha más grande que jamás creí tener esperé la entrevista con cierta confianza. Minutos después apareció un hombre que más parecía un personaje de Botero, pícnico como él sólo, me saludó con una voz media aflautada.
–Buenos días, me llamo Rodolfo, tú, eres…
–Eduardo
–Mucho gusto Eduardo
–Bueno te hemos citado porque estamos buscando practicantes con miras a trabajar en nuestro equipo a futuro, buscamos un locutor y dos reporteros, tú, ¿has hecho locución o has reporteado alguna vez?
(¡La cagada!, pensé yo, qué le digo, 1, 2, 3 segundos, sé honesto carajo, si te manda a la mierda te paras y te quitas con la misma conchudez con la que has entrado, desubicado)
–No, pero trabajé en un diario escribiendo en la sección cultural y he colaborado con algunas revistas.
–Perfecto, Eduardo.
(¿Perfecto? Aguanta tu coche, acaso dijo perfecto, qué no me va a pedir el nombre del diario, no me preguntará cuánto tiempo estuve ahí, por qué salí, qué busco con el periodismo, si quiero la paz mundial o si me agradan los gatos)
–Y sabes redactar bien
–A la perfección, mire aquí tengo mi libr…
–Perfecto, Eduardo,
(Aguanta, ¿otra vez dijo perfecto? ¡no jodas!)
–Lo último que quiero señalarte es que la propina de un practicante es de 200 Nuevos Soles, si pasas la semana de práctica se te cambia el sueldo considerablemente. Además conforme vayas demostrando talento harás despachos en vivo y si vemos cualidades podrás acompañarnos en la cabina una vez a la semana. Ahora sí, ¿estás de acuerdo? ¿alguna objeción?
(esto debe de ser una joda, no puede estar pasándome a mí)
–No, ninguna.
(Claro que ninguna, no había entrado para hacer dinero y menos para llenarme los bolsillos, había entrado por el simple hecho de aprender In Situ, había entrado porque algún día escribiría aquella experiencia y la contaría y a lo mejor me animaba a publicarla ante la insistencia de algún amigo que me animó cuando le conté que había conversado con el Lord de la literatura peruana con el Obi Wan Kenobi de los escritores, el mismísimo Vargas Llosa, una de esas mañanas que jamás he de olvidar, Aqueronte, I promise you!)
–Entonces empiezas el lunes, Eduardo, bienvenido a Radio San Borja.
(Ni al mismo Gabito le pasó esto, a él le pidieron un texto escrito a mí me sacaron al ojo, barbita crecida, lentecitos perfectos, buen hablar, serenidad, tranquilidad, pinta de que escribe a leguas, pinta de talentoso ¡uff! como cancha y encima se aparece a las entrevistas con libro bajo el brazo, ¡ah no!, este es, esta debe ser la persona que estamos buscando, mi sucesor, mi padawan, el que hará el trabajo sucio sin más ni más, yo nunca me equivoco, firma, tu jefecito.)
Todo el camino rumbo a casa intenté repasar lo que había sucedido en aquella oficina, desde mi llegada exageradamente londinense hasta cuando me dijeron aquello de bienvenido. No salía de mi pequeña turbación, necesitaba hablar con alguien para que terminase creyéndome todo aquello que yo no era capaz de aceptar. No era The New Yorker aquel trabajo tampoco, pero para alguien que jamás en su vida había trabajado en ese mundo la sorpresa terminó convirtiéndose con el pasar de las horas y después de hablar con Javi, en inseguridad.
–Aló, Javi, acabo de salir de la radio.
–¿Cuál ah? ¿qué radio? Me has despertado, pendejo.
–En San Borja pues y a que no sabes…
–Qué es lo que no sé.
–Me lo han dado, tío, empiezo el lunes, me han dicho que haré carillas, despachos y entraré a cabina una vez a la semana.
–Ah ya, ¿y sabes como carajo se hace eso?
–¿Qué?
–Una carilla, un despacho. Lo de la cabina suena más fácil, me imagino que te meten donde supongo hablan los conductores hasta por el culo ¿no? eso es probable que te salga bien.
(entonces por primera vez en aquella mañana me asusté)
–Nada, huevas, no tengo ni una puñetera idea de cómo se hace una carilla o un despacho.
–ja ja ja. No se equivocaron contigo, genio, ahora que te manden en vivo tienes dos alternativas o investigas qué haces para no hacer el ridículo o dejas el trabajo y te olvidas de tu nueva aventura.
Javi tenía razón, antes de colgar y despedirme decidí leer algo en internet acerca de los despachos y las carillas, pero para mi mala o buena suerte recordé aquella frase inmortal de la novela “Tinta roja” de Fuguet que apareció nítida, escarchada, subrayada y resaltada en mi memoria de elefante, “El periodismo como la prostitución se aprende en la calle”, entonces dejé mis vanas investigaciones teóricas y después de repetir aquella frasecita que fue algo así como una pastillita para mi alicaída moral estaba más decidido que nunca. Si me había metido a este oficio aprendería como las putas aprenden a prostituirse, equivocándose.
Esa primera semana fue desastrosa, pero como todo tenía mis pros y mis contras. Veamos. Pro, llega temprano; contra, no sabe ¡por dios! Qué es una maldita carilla. Pro, no ha estudiado periodismo pero tiene más conchudez que los mismos alumnos de las universidades fichas; contra, no sabe mandar un simple despacho. Pro, tiene deseos de aprender; contra, no se ubica con rapidez por Lima, se demora mucho en llegar al lugar de los hechos. Etc etc.
Era el primer enterado que de seguir así no pasaría esa primera semana, así que decidí hacer que esa semana fuera la del aprendizaje, si la siguiente no había corregido las sugerencias que me hacían me tiraría a la mismísima Javier Prado por cojudo y por no aprender algo que en teoría se veía tan simple. Llegaba a mi casa más que enojado conmigo mismo, no era capaz de agradarle a quien me estaba evaluando aquella semana, un tipo que para serles franco nunca le vi cara. En la radio me entregaron un celular con línea abierta con el cual no pude evitar la tentación de marcar el nombre de algún amigo y decirle que lo llamaba desde la radio porque ahora era reportero de San Borja, manyas. Al día siguiente el hombre de la voz extraña al que llamaba para reportar mi ubicación y leerle mi despacho del día me preguntó si había llamado a otra persona aparte de los únicos números que podía llamar, por supuesto que negué cualquier indicio de acusación.
El hombre de la voz extraña se llamaba Abraham, nuestros diálogos eran más o menos así:
–Alò, Abraham.
–Hola, Eduardo, dónde estás ahora, cuéntame.
–Estoy en la Maison de San té, a la espera de que Fleitas sea trasladado al primer piso para su segunda operación.
–Muy bien, y ya tienes tu despacho.
–Sí, aquí lo tengo, te lo leo
–A ver, a la voz de tres ¿ok? Recuerda que tienes 1 minuto. ¿listo? 1, 2 y 3 ¡vamos!
–Hola, amigos, me llamo Eduardo Reyme y soy reportero de radio San Borja…
–¡Que mierda haces, Eduardo! A quién carajo le importa quien eres, cuál es la noticia, no me dices nada, esto es radio, hijo, imaginación, nadie te está viendo, podrías estar haciéndote una paja y a nadie de los que te están oyendo les interesa, ellos sólo quieren saber qué vas a informar, tu tono de voz esta bien, pero respeta el orden, no olvides que debes responder preguntas básicas como desde donde informas, qué informas, agregar un cometario y cerrar con “para radio San Borja, Eduardo Reyme”, nada más, mira te llamo en media hora y me lees otra vez tu despacho. Chau.

Fue más que duro al principio, nadie se compadeció de mí y en realidad tampoco quería eso, cada puteada, cada mandada al carajo, alimentaban mis ganas por demostrarle al hombre de la voz extraña que ese despachito no sería un obstáculo. Al día siguiente ya sea desde Palacio de gobierno, el Congreso de la República o el mercado 24 de octubre del Agustino, mandaba mis despachos y los iba puliendo cual orfebre que quiere sacarle brillo a sus joyas, yo era un escriba que podía hacer magia con las palabras y le iba agarrando el hilo a las cosas, llamaba canchero ya, y le decía a Abraham que mi despacho ya estaba listo, él lo oía y me decía que había mejorado mucho. El patito feo empezaba a convertirse en un simpaticón cisne, tenía entendido además que los demás reporteros no habían mostrado en esa segunda semana mejora alguna, había gente o que tenía problemas al pronunciar la “r” o la “s” o ambos problemas a la vez y cada vez que decían Radio San Borja sonaba a una mezcla de radio de España con Rumano, increíblemente atroz. Por último y para el colmo de los colmos había otro muchacho medio tartamudo que se tiraba unos cuatro minutos en cada despacho. Ellos como pueden inferirlo no duraron esa segunda semana en donde después de lanzar mi segundo despacho de práctica Abraham me informó.
–Mañana sales en vivo a la hora del programa, Eduardo
–¿Qué?
–Que mañana sales en vivo a la hora del programa o qué creías que aquí estamos jugando al periodista y yo al profesor.
–Perfecto, Abraham
(chuchetumadre mándame a donde quiera y verás que la hago)
Y el chucha de su madre de Abraham me mandó a un grifo para averiguar si la gasolina había subido, exactamente al grifo que queda en la esquina de la radio. ¡joder! Qué periodista que se respete se va de comisión a la esquina de su radio y lanza un despacho para ver si ha subido la gasolina. No me jodas pues, Abraham, como que a un grifo. Y claro que no le dije esto último y cogí el micrófono y caminé esas dos cuadras para llegar al grifo y hablar con los muchachos que amablemente me dieron la información respectiva para hacer mi primer despacho oficial, mi debut, mi entrada a las ligas mayores del periodismo peruano, ¡en un grifo! ¡conchasumadre! ¡qué cagada!
Cuando llegué a la radio, caminando, Rodolfo me dijo que tenía una buena voz. Jack redactaba las carillas que son las noticias de cada hora que se leía en el microinformativo de la radio y de paso le miraba las tetas a “La camión”, el programa había terminado entonces y yo cual zorro viejo me ponía a leer todos los diarios en medio de esa atmosfera de tabaco que aún hoy, déjenme decirle, extraño. Rodolfo fue tomando aprecio por mí con el correr de los meses, hacía lo que querían ellos, buenos despachos, buena voz, muchas ganas y encima cobraba barato qué más podían pedir. Una mañana Rodolfo se me acercó y me dijo que mandara un despacho desde Palacio de Gobierno, le dije que encantado de la vida, pero cómo haría para llegar hasta Palacio considerando que Palacio quedaba a una hora y media de San Borja y considerando además que faltaban apenas cinco minutos para que el programa Pulso informativo saliese al aire, entonces Rodolfo me miró y dio un bufido de vaca cansada. Invéntate algo, hijo, imagínate que estás en Palacio, ¿ok? Lo quiero en quince minutos. Yo me quedé con la boca abierta hasta el suelo como un dibujito animado pensando y ahora qué mierda hago, pero después de buscar en internet la reunión que se estaba llevando a cabo en Palacio hice lo que me encargó a la perfección, inventé que estaba en Palacio y redacté mi despacho, lo leí, lo imprimí y me paré con tal conchàn en el mismísimo patio de San Borja que cuando empecé a leer mi noticia todos los que pasaban por mi lado sonreían como diciéndome “mira las pendejadas que aprendes de ese gordo mañoso”. No recuerdo que inventé para aquella ocasión, lo único que recuerdo es que Alan García había recibido con mucha animosidad a los representantes de Edelnor y que se estaba discutiendo un proyecto a favor del estado y de los usuarios, hasta el día de hoy, espero que así haya sido por el bien de todos los peruanos que al oír mi despacho se ilusionaron.

Me subieron el sueldo y las latas de café empezaron a llegar en cantidades industriales, entraba a Swiss Hotel, al Marriott y como ya era diciembre la jefa de imagen de estas instituciones tenían la costumbre de regalarle a los pobres periodistas pequeños obsequios, era la gloria para mí, tenía las puertas abiertas de todos los lugares con mi pequeño carnet de prensa que me entregaron en una ceremonia donde me vaciaron una lata de cerveza en la cabeza y que significaba que ya no era un practicante más, era un integrante del equipo, un periodista como siempre quise serlo. Jack y yo estuvimos en aquel compartir que se hizo en la radio y donde nos tomamos casi todo el pisco habido y por haber con un periodista muy conocido y muy borracho con el que hicimos una amistad muy amena y con el que nos tomábamos unas cervecitas cada vez que salíamos de la radio a eso de las diez u once de la noche hora en la que nos daba un aventón a Jack hasta la Avenida Arequipa y a mí hasta el Centro Comercial Arenales. Jack nos contó a ambos mientras viajábamos en el Yaris del año de aquel periodista que se había levantado a “La camión” la semana pasada y que había resultado una enferma de la patada. Oímos su relato en silencio y era como prender una radio y oír una voz media calenturienta que describía una escena sexual sin tabúes, no sé si a nuestro amigo periodista le pasó lo mismo que a mí, pero yo tenía una erección más que bíblica.
Y llego el día.
Como de costumbre llegué temprano a la radio por razones ya señaladas, miré la pizarrita blanca y ahí estaba “MUSEO DE LA MEMORIA: ALAN GARCIA, JAVIER PEREZ DE CUELLAR Y MARIO VARGAS LLOSA” encargado: Eduardo. Salte de un pie cuando leí mi comisión del día, además llevaba en mi morral mi libro que tenía como destino el único destino al que un libro debería aspirar para sentir que su largo trajinar ha llegado a puerto seguro, las manos de un escritor, pero no de un escritor como los hay en este país tan choclón, sino de un escritor que lo ha ganado todo o casi todo que no es lo mismo, pero es igual. ¿Podría darle mi libro a Vargas Llosa? ¿podría acercármele aunque sea un centímetro justo y necesario para alcanzarle mi libro y en el peor de los casos aventárselo para que lo recogiese del suelo como un mandril que recoge su maní? ¿podría decirle algo? Y si así fuere ¿qué le diría? Mi primer intento por llegar a Vargas Llosa fue cuando este se presentó en la Casona de San Marcos y en donde me hice pasar con esa conchudez que ustedes ya saben que puedo llegar a tener como reportero, cuando apenas cursaba el tercer año en la universidad. Al toque nomás pasé la puerta y dije una frasecita que por aquel entonces era media mágica, “prensa” a la vez que mostraba un carnet que por lo general los de seguridad nunca se detenían a leer. Hice lo mismo ¿resultado? Capturado por la policía que sustentaba que había tenido el intento de atentar con la vida de nuestro Jedi mayor ¿me pasaría lo mismo ahora? Nones, ni a patadas, ni cagando, tenía el tan anhelado carnet que me permitía meterme al mismísimo baño de Alan si me daba la gana y si, por supuesto, me daban algo de sajiro, un poquito de bola.
Cuando llegué al Museo de la Memoria la ceremonia ya había empezado, mi ubicación no era la que tenían los ministros ni los congresistas, pero era la posición más cercana que podía tener un ser como yo, un ciudadano de a pie y era la posición que me hacía más feliz, todos los medios estaban presentes, todos los canales incluidos los extranjeros enfocaban a Vargas Llosa quien sentado desde su ubicación intercambiaba comentarios con Javier Pérez de Cuéllar.
La prensa había sido destinada a una especie de podio desde donde según los señores de la seguridad debíamos entrevistar a los insignes señores de la mesa de honor. Alan García habló y me aburrió, Pérez de Cuéllar habló muy bajito y no lo oí muy bien que digamos, y ahí estaba él, Don Mario, listo para que Sol Carreño que la funcò de moderadora lo presentara con se le debe presentar a alguien como él. El público enmudeció, Mario se puso de pie y la gente empezó a aplaudir como a una estrella de rock , se paró detrás del podio, acomodó su micro, miró al frente y todos los que estaban oyéndolo asentían con la cabeza como diciendo, cuánta razón, Mario o Pero si yo también pienso igual que tú, Mario. Bravo, Mario, bravísimo.
Yo desde mi ubicación miraba a Vargas Llosa lo más cerca que creí podía estar de él, más adelante sabrán por qué digo esto, y desde aquella ubicación lo miraba y me decía para mis adentros “ya sé por qué ingresé a la radio, ya tengo la respuesta, Eureka, es por ti, Mario, por ti”. Porque en el fondo sabía que sólo un oficio tan puto como el de periodista podía tenerme tan cerca de ti como nadie podría estarlo, me imaginaba la cara de mis amigos cuando les contase que había tenido a un Skywalker de verdad frente a mí, vería en sus ojos un brillito como queriéndome decir, “puta madre, Lalo, siempre nos cagas, puta madre”.
Lo oía a la perfección, su discurso fue letal, sin miedos, sin temores, con una rebeldía que una persona como él a la edad que tiene es capaz de mostrar. Vargas Llosa y yo, yo y Vargas Llosa, el maestro y el alumno, el Jedi y el padawan, el que lo ganó todo y el que nunca en su vida se acercará ni a la mitad de lo que ha ganado él y en el fondo me consuela que ningún hombre de este país podrá superarte así que chúpense esa mandarina los Ampueros, los Cuetos y los Thays, miren a su padre que todavía y aún encanecido los cachorrea.
La ceremonia terminó, de pronto una voz aparece en medio de la turba de periodistas ávidos por la noticia. “Habla, rompemos” dice alguien. Romper es causar o quebrantar el desorden en una ceremonia ficha en la cual acuden personalidades que tienes que ponerles el micro sí o sí si quieres justificar tu comisión y/o tu profesión, si no consigues información cerca de la personalidad, estás en nada, dedícate al cultivo de judías. “Ya, somos–responde alguien–a la voz de tres, uno, dos…” antes de llegar a tres cinco seguridad yacen en el suelo atrapando a unos fotógrafos, una reportera yace patas arriba y se le ve el calzón amarillo, un practicante yace atrapado en las manos de un policía moreno que lo acogota, no, no se preocupen, no soy yo, yo estoy a menos de veinte centímetros de Alan García. Un periodista español que creo haber visto en la tele le lanza una invitación.
–Presidente, García, presidente García, unas preguntas, por favor.
Alan, pendenciero como siempre, dice nones con el dedazo gordo de su mano y de pasadita manda un besito volado a la prensa que acodada y cuerpo a cuerpo, casi sin aire, lucha por conseguir un espacio privilegiado. Se retira con esa risita cachosa y su gordura que impide que el botón del saco le cierre. El español se achora, se alimeña, se aviva, se apendeja.
–¡Gilipollas!– grita.
Todos se ríen y por ahí un paterito dice “ay, se pasan ¡malcriados!”.
¡Mi objetivo! Donde está mi objetivo, miro el cabello plateado, una cámara reposa en mi cabeza, sorry, causita, no te muevas, me dice un pata. Alguno de los presentes se envalentona, se anima y extiende la invitación, alza la voz para que pueda oírla.
–Don Mario podemos hacerle unas preguntas
(cruzo los dedos mentalmente, no me cages, Mario, tú no, por favor)
–Un segundo, ahora conversamos.
(¡bien hecho, Mario! ¡Tú no… tú no, causa!)
Entonces Mario se da la vuelta por el escenario para no tener que agacharse la cinta de seguridad o saltarla, ya no estoy para esos trotes, padawan, tú me entiendes, y yo, sí, Mario, por supuesto.
Ahí está sin seguridad, paradito, tranquilo, sin nadie que lo joda. Los periodistas se callan unos a otros. Delante de mi hay una persona, delante de esa persona está Mario Vargas Llosa y yo simplemente no sé si gritarle que le debo todo o seguir con este micro de mierda que extiendo para que tenga que salir en las cámaras porque sino, Rodolfo, mañana me va a estar jodiendo. Mario conversa, habla en limpio, impecable, qué vas a editar ahí, chibolo, sólo chapa tu grabadora y pon REC, luego transcribe y listo. Después de algunos minutos Mario se despide, se aleja de aquellos periodista, noto que lo sigue menos gente, pero igual muchos quieren estar a su lado, que los enfoquen para que cuando lleguen a casa decir en el barrio que sì, el que sale a su lado soy yo, causita, Mario, buena gente el tipo.
Sigue avanzando, la vehemencia de un periodista lo hace tropezar con una silla forrada para la ocasión, no se queja, no le dice nada a la periodista sólo le pregunta si está bien, si no se ha hecho daño.
¡Ah no!, si Mario es capaz de aguantar tremendo tacle, también podrá aguantar a un jodido como yo que lo único que quiere es regalarle su libro. Ahí vamos.
–Mario tengo un obsequio para ti
(Mario camina delante de mí, parece no oírme, primer intento)
–Mario tengo un presente para ti
(Mario aún delante saluda a los conocidos, segundo intento)
–Mario te he traído un regalo
(Nada, Mario parece no oírme, alzo la voz para que me pueda oír)
–Mario tengo algo que quiero entregarte
(Nada. Me detengo, creo que alguien como él es una persona muy ocupada, alguien que debe hablar con Ministros y congresistas, no con periodistas para cosas que no sean estrictamente periodísticas. Lanzo mi último intento y en él trato de ser lo más franco posible que puedo)
–Mario te quiero regalar mi libro que publiqué hace años con mi propia plata
(Aguanta, chochera, se mueve, se está moviendo, sí, sí, sí, está girando y no es para escupirme o mandarme a largar, voltea completamente, me mira a los ojos y yo lo miro totalmente atónito)
–Mario este libro lo publiqué hace dos años y quiero regalártelo–le digo y extiendo el libro hacia sus manos.
–Aparte de periodista también escribes, muchacho– me dice él, es altísimo, inspira respeto y cariño.
–No soy periodista, Mario, tomé este trabajo porque me agrada y porque me permite estar cerca a personalidades como tú– le digo y miro su interés, es como si lo que le dijera fuera lo más importante para él en aquel instante.
–Ah ya te entiendo, a mí también me pasó lo mismo…prometo que llegando a mi casa lo leeré… pero me darás tu autógrafo para llevarlo de recuerdo.
(¡la cagada! ¡corto circuito en mi cerebro! Mario me pide un autógrafo y no está bromeando, está ahí, parado, esperando que reaccione y que saque una pluma y ponga algo ingenioso, él, Vargas Llosa aún pide autógrafos, él que podría tener la concha de morirse ahoritita mismo y no tener que envidiarle nada a nadie porque casi tuvo todo por lo que luchó.
Lo miro, me cagaste, Mario, me mojé cual padawan, no pensé jamás que me dirías eso, tú, o sea, tú, huevas, el lord de la literatura peruana, el Obi Wan Kenobi de los peruchos.
–No tengo pluma, Mario, sólo puedo darte las gracias en nombre mío y de mis amigos por seguir escribiendo y por hacernos creer en la literatura.
(Mario sonríe)
–Diles que más bien gracias a ellos por leerme y muchas gracias por el obsequio (vuelve a sonreír)
–De nada, Mario–digo, pero es a su espalda ahora a la cual le hablo, unos tipos enormes lo desaparecen y yo siento que acabo de tener el mejor orgasmo en mi poca auspiciosa vida como periodista.
Abraham me llama
–¿Y?¿qué conseguiste?–pregunta impaciente.
–Tengo el discurso completo de Vargas Llosa, las palabras de García y Pérez de Cuéllar.
–¡Así se hace, cachorro!–dice Abraham– prepárate un despachito y me llamas dentro de una hora ¿vale?
–Perfecto.
–Más bien movilízate para San Borja, una tía están haciendo su reclamo por el nuevo hospital del Niño en ese distrito.
Abraham sigue hablando, yo siento que puede mandarme a la misma Antártida si quiere. El sólo hecho de imaginar a Mario en su camioneta con mi libro entre sus brazos hojeándolo me pone de buen humor. No sé cómo puedo trabajar como periodista si ni siquiera porto un lapicero entre mis cosas ¿qué le hubiera puesto en la dedicatoria? ¿qué cosa esperaría él leer en dicha dedicatoria? No lo sé, pero creo que lo que tuve que decirle se lo dije personalmente y mirándolo a los ojos y estoy seguro que de no haber conseguido el puesto en aquella radio nunca hubiera tenido ese par de minutos que busqué para demostrarle todo mi respeto al Lord de la literatura peruana, al Obi Wan Kenobi que aún pide autógrafos en las ceremonias más importantes de este país, al hombre al que mucho de nosotros le debemos tanto que terminamos negándolo.
–Tengo la foto del momento en que está recibiendo el libro, habla, te la vendo–un fotógrafo me dice aquello casi de paporreta.
–¿Cuánto?–digo y vuelvo a pisar tierra.
–Cien Luquitas. Mírala– dice.
Me acerco a su lente, es Mario mirándome fijamente, yo al parecer estoy hablándole antes de entregarle el libro. Aquella ¡es la foto! Cuento los billetes de mi bolsillo.
–Tengo cincuenta– le digo– qué dices.
–No pasa nada, socio, cien o nada–insiste el fotógrafo.
Hago un esfuerzo, abro mi mochila, reviso la secretera.
–Setenta, no hay más– le digo aún sabiendo que tendré que caminar de regreso desde Miraflores hasta San Borja, y desde San Borja hasta mi casa. O sea, una utopía.
–Cien, cien Lucas
–No tengo
–Entonces no hay foto del recuerdo–dice y borra la foto de su lente en mis narices, me muestra la imagen, veo como se desarma en pequeños píxeles hasta desaparecer del todo.
Doy media vuelta y me dirijo rumbo a San Borja, una viejitas reclamonas y pitucas me esperan para ofrecer mi justiciera dedicación de periodista en ciernes. “Algún día lo escribiré–me digo a mí mismo–algún día yo mismo me haré venganza”