19 julio, 2008

Jules et Jim



Jim: Dentro de 10 minutos será de día.
Gilbert: Jim, por una vez podrías quedarte...aquí a mi lado.
Jim: No, Gilbert, si me quedo, tendré la impresión de abandonarte...al no quedarme mañana, y si me quedo, mañana seremos una pareja...casi como un matrimonio, y eso va en contra de nuestras convicciones.


Película: Jules et Jim (1962) Director: Francois Truffaut

16 julio, 2008

Carta a Roberto Gómez Bolaños




Como no esbozar una sonrisa infantil al verte, como no recordarme con pantalones cortos sentado en el inmenso mueble azul de la sala, con los ojos empapados en lágrimas por ese capítulo cuando empacabas tus miserias que eran las más esenciales para no perder la inocencia, para ser feliz. Cómo no recordar que tus alegrías fueron mis alegrías, que tus bromas fueron parte de mis bromas, cómo no aceptar que tu atípico llorar es tan único como tu imaginación. Cómo no decirte que de los primeros tú eres el mejor sin caer en huachaferías.

Lo único que sé es que cuando nací tú ya estabas ahí, con una gorrita deshilachada y una muda de ropa única y lista para la ocasión, con esa inmensa sonrisa cubriendo toda la pantalla, llenando los corazones de esa ternura tan bondadosa, tan infantil, tan traviesa. Lo único que sé es que de niño cada pan con jamón que degustaba me remitía cierta nostalgia, y esa misma nostalgia está todavía aquí, inamovible, imperturbable, porque han pasado tantisisímos años y yo sigo aún sonriendo cada vez que te observo, porque aún los ojos se me pueblan de ese líquido cristalino que todos llevamos en el corazón y que tú nos lo hiciste recordar no una sino miles de veces, en cada capítulo, en cada escena, en cada media hora que duraba un programa tuyo.

Nosotros los que fuimos niños te debemos tantas cosas, tantas lecciones aprendidas. Sentados frente al televisor nos hiciste creer que se podía forjar hombres tan nobles como una lechuga y tan fuertes como un ratón. Nos viste crecer, nos viste hacernos hombres, nos viste soltar una lágrima y nos enseñaste que lo más esencial no se lleva en una maleta porque lo más esencial es aquello que empacamos en el corazón. Estuviste a nuestro lado en cada minuto de nuestras vidas, y aunque no lo sepas nos aislaste de la mismísima soledad, la agarraste a chipotazo limpio sólo con tu presencia sólo con tu talento y amor, no obstante, nos enseñaste que un héroe puede carecer de miedo pero no de valor.

Hoy este país se detiene al verte pasar sólo para acercarse a ti y decirte “Gracias por hacerme feliz” y ese es el premio más bondadoso para un hombre como tú. Alguien que escribió tanto y que algunos se atrevieron a comparar con el mismísimo Shakespeare, justo símil que te convirtó en el pequeño Shakespeare, en el Shakespeare de México, en Chespirito, ese artista que hoy recibe los aplausos que cosechó durante toda una vida. Ese artista que tiene la genialidad de no saberse un genio. Ese artista que se despide de Latinoamérica para siempre. Ese gran hombre al que todos le debemos algo de nuestra pequeña felicidad.

Cuantos capítulos han quedado cincelados en mi memoria, cuantos diálogos afloraron naturalmente, cuántas veces lloré, cuántas veces sonreí, cuántas veces entraste en mi casa y me volví a sentir un niño más. Dime, ¿lo sabes? Si no sabes la respuesta no te preocupes, yo también perdí la cuenta. Pero lo que no puedo olvidar es que de nadie aprendí primero la palabra justicia sino de ti, de tus personajes, de esos pequeños hombres que tu imaginación creó y que estoy seguro, fuiste tú en algún momento de tu vida. Porque nadie elabora una obra ajena a sus experiencias y tú querido Chespirito supiste más que nadie lo que era adolecer de ese mal latinoamericano y casi bastión de nuestra cultura llamado hambre.

Ahora, sin chipote chillón ni caídas estridentes, cual chapulín de un salto has llegado a esta parte del mundo que no ha sabido encontrar la palabra exacta para decírtelo todo y de una vez por todas, causa de ello son las infinitas muestras de cariño que han tenido todos para agradecerte lo que tú nos diste “Gracias, maestro”repetirán una y otra vez, no se cansarán, han llevado casi todas sus vidas riéndose con tus repetitivas ocurrencias televisivas que más de uno se ha quedado atrapado en el tiempo. No se cansarán de agradecerte ni de seguirte ni de olvidarte ni de mirar tu programa. Rompiste la barrera del tiempo con tu humor y a nosotros que carecemos de sonrisas nos caes como anillo al dedo, al parecer todo está fríamente calculado y es más que eso.
Sospechamos que tú nos comprendes, y cuando mañana partas de esta esquina del mundo recuerda que por aquí sólo intentamos darte un poquito de lo mucho que tú nos diste cuando fuimos pequeños, te debemos tanto que es posible que mis líneas hayan sido sin querer queriendo, pero sería mentirte, éstas líneas que cierran mi carta antes de que aparezca el punto de despedida fueron las primeras líneas, que me atrevo a decir, escribo con el corazón.

02 marzo, 2008

De haberlo sabido - Quique González

Quique González es uno de los mejores y más prolíficos compositores de España. Son ya siete los álbumes que ha publicado: Personal (1998); Salitre 48 (2001); Pájaros mojados (2002); Kamikazes enamorados (2003); La noche americana (2005); Ajuste de cuentas (2006); y Avería y redención #7 (2007).
La siguiente canción pertenece a Salitre 48 y me encanta.


De haberlo sabido no hubiera dado todo en un principio, no hubiera sido la noche en tu espalda ni congelándote de frío. De haberlo sabido, me hubiera ido sin decirte nada; no hubiera sido tan duro contigo; no hubiera habido corazón en la garganta.

Peor que el olvido, fue frenar las ganas de verte otra vez; peor que el olvido, fue volverte a ver! Me sobran motivos pero me faltas tú sobre la cama y ahora que las calles están llenas de bandidos cuando necesito de tu madrugada. Cuando ya te has ido, cuando me parte en dos el alma, no hubiera dudado en quedarme contigo de haber sabido lo que yo te amaba. Peor que el olvido fue frenar las ganas de verte otra vez; peor que el olvido fue volverte a ver

Video: De haberlo sabido - Quique González + Rebeca Jiménez

05 febrero, 2008

Death Proof de Quentin Tarantino

Aún no la he visto, pero no puedo ocultar cierto malestar al enterarme que Death Proof, la última película de Quentin Tarantino y Robert Rodríguez, ya tiene cierto tiempo de existencia (y yo ni enterado, más despistado que mandado a hacer). El estreno se dio el 31 de agosto en España y por lo poco que sé, este film forma parte del proyecto Grindhouse que es una especie de homenaje a las películas slasher y de terror de bajo presupuesto que ambos directores se propusieron realizar.
Para colmo de males la historia tiene su encanto, (hecho que duplica mi molestia y me pone más picón que pez espada) Stuntman Mike (Kart Russel), es un rebelde que siente cierto placer de coger su paquidérmico carro para usarlo como arma letal. Durante su viaje por carretera mujeres hermosas serán víctimas de sus más bajos instintos.
Les dejo el trailer de la película por si fueron –como yo- víctimas de la desinformación y se animan a verla.

16 enero, 2008

Cuando la noche cubre la luz del día


The killing of a chinese bookie (1976) del norteamericano John Cassavetes, fue presentada simultáneamente por primera vez en el cine Village y el Bruin (dos cines que quedaban en la misma calle, uno al frente del otro, para ser más exactos) con un lleno rotundo que para la época suponía y reflejaba el interés de un público del que Cassavetes había llamado la atención desde su primer largo titulado Shadows (1960). Lo curioso, sin embargo, fue que terminado el estreno todos miraran a Cassavetes con más repugnancia que admiración. Los espectadores salieron indignados de las salas comentando a las personas, que esperaban impacientes su turno, que no perdiesen su tiempo en una película desagradable y que además no justificaba los dólares que habían pagado por su estreno. Las consecuencias y la determinación fueron inmediata entonces, pues no pasaron más de seis días en cartelera y The killing of a chinese bookie pasaba a la historia del cine como un filme más, sin pena ni gloria. La historia de un ex veterano de la Guerra de Corea (interpretado de manera pulcra por Ben Gazzara), adicto al juego, dueño de un bar nocturno en California que lo pierde todo de la noche a la mañana no llamaba la atención a un público acostumbrado a películas de contenidos poco exigentes. The killing of a chinese bookie tuvo el mérito de no ser aplaudida en su tiempo y ese quizá fue su mayor logro pues causó luego la interrogante, por qué una película que trasmitía un mensaje tan cercano a nuestra condición no logró conmover a su debido tiempo a esos espectadores que salieron gritando e incentivando a los demás que no la vieran.
El tema que desarrolla Cassavetes en esta película es la consolidación de quien ve materializados sus anhelos y a la par destruidos. Lo primero que observamos es a un personaje de nombre Cosmo Vitelli, hacedor de sus propios espectáculos nocturnos que presenta a diario en el famoso Crazy Horse West, una especie de antro de pueblo con el mayor atractivo artístico entre los concurrentes, “el señor sofisticación”, una performance al más puro estilo dadaísta: una escenificación absurda de un hombre obeso, rodeado de mujeres hermosas que corren despavoridas con pistolitas de juguete por un escenario de madera ante el aplauso inimaginable de un público complaciente y con el sentido estético derruido por el morbo y la ansiedad de esperar algún desnudo.
A lo largo de la película notamos que el fuerte apego de Vitelli hacia el póker será uno de los enemigos vitales que lo hará visitar un bar vecino al suyo y luego de apostar una fuerte cantidad de dinero perderlo todo, hasta su tan querido local. La imagen de Vitelli en la limosina acabado el juego nos muestra a un hombre fragmentado, acompañado de las tres mejores chicas del local y sin embargo más solo que nunca. Vitelli de pronto adquiere un matiz fúnebre, sabe que lo ha perdido todo, la roja flor que sostiene en la solapa de su impecable smoking parece adquirir entonces el mismo tono que su desencajada mirada. De pronto entendemos la tesis de Cassavetes al mostrar en The killing of a chinese bookie lo terrible que puede ser cruzarse de manera fortuita con los aniquiladores de sueños. Esas personas aladas como buitres que esperan el menor desliz para hacer leña del árbol caído. Cassavetes maneja con precisión estas emociones, las hilvana, las controla, nos persuade y nos involucra en la historia. Le suma a este conflicto el casting (¿acaso el último?) que Vitelli le hace a la camarera de un café cercano al Crazy Horse West. Entonces, mientras lo observamos dirigirse hacia su bar, ingresar y encender las luces del escenario para luego colocar la música adecuada para la audición, encontramos en esos instantes toda la capacidad de este director para armonizar emociones, imágenes y música. Cassavetes hace que Vitelli que hasta horas atrás reía y miraba el mundo con despreocupación mire desde la oscuridad envuelto por los anillos que va formando su cigarrillo, como si de pronto mirase desde la propia oscuridad su propio fracaso y lo intentara disimular viendo algo hermoso.
No me causaría sorpresa saber que si proyectaran en estos días The killing of a chinese bookie la reacción del público fuera la misma que hace veinte años. Existen películas que logran un simbólico mensaje partiendo de planos diferentes a los acostumbrados y ésta no es precisamente una película como aparentemente se estima. The killing of a chinese bookie es magnífica porque tiene la capacidad de mostrarnos a un John Cassavetes artista, mostrando lo que es para él su poética fílmica, una constante lucha por no seguir los cánones impuestos por industrias cinematográficas.
Una película esencial para poder conocer a este estupendo director que nos muestra con este filme que no hay nada más terrible que cuando la noche cubre la luz del día y se lleva lo que más queremos.